13/08/2026
La ATENCIÓN el nuevo tesoro en los niños
Tú también escuchaste o llegaste a decir:
“Esta nueva generación creció con un celular en la mano.”
“Mira al niño, cómo le mueve a la tablet.”
“Mi sobrina se pone videos solita en YouTube y tiene 2 años.”
Pues esto no es coincidencia. Quizá sea una de las formas más sencillas de describir el entorno en el que ha crecido la generación Alfa.
👥¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐀𝐥𝐟𝐚?
Es el grupo de personas nacidas aproximadamente a partir de 2010 y hasta mediados de la década de 2020. Sucede a la generación Z y es la primera generación nacida por completo en el siglo XXI.
📱𝟐𝟎𝟏𝟎: 𝐮𝐧 𝐩𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐬𝐢𝐦𝐛𝐨́𝐥𝐢𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐚𝐜𝐞𝐥𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧
La generación Alfa nació en un momento en que las pantallas dejaron de ser un accesorio y empezaron a convertirse en parte del entorno cotidiano de la infancia.
El iPad fue lanzado en 2010 e Instagram nació ese mismo año. Muchos de estos niños crecieron documentados desde antes de tener memoria: fotografías, videos, redes sociales y una infancia cada vez más mediada por pantallas. Además, buena parte de esta generación nació de madres y padres millennials, quienes también vivieron la rápida expansión de las redes sociales y los telefonos inteligentes.
🧠𝐄𝐥 𝐛𝐫𝐚𝐢𝐧𝐫𝐨𝐭 𝐲 𝐥𝐚 𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐦𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐚𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧
El fenómeno conocido como brainrot no es un diagnóstico médico ni una enfermedad. Es un término de internet utilizado para describir contenidos extremadamente repetitivos y de consumo muy rápido.
Algunos contenidos dirigidos a las infancias utilizan estímulos y cambios constantes, y existe evidencia de que ciertas características de éste y del consumo de pantallas pueden influir en procesos atencionales y funciones cognitivas durante etapas tempranas del desarrollo.
Pero el problema es más grande que un tipo específico de contenido.
Vivimos dentro de una economía en la que nuestra atención tiene valor: plataformas, aplicaciones y contenidos compiten constantemente por conseguir que sigamos mirando.
🥱𝐄𝐥 𝐝𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐚 𝐚𝐛𝐮𝐫𝐫𝐢𝐫𝐬𝐞
Las infancias no son “adictas por naturaleza a las pantallas” cuando somos las personas adultas quienes hemos construido un entorno donde cada segundo compite por captar su atención.
Una infancia que nunca tiene oportunidad de aburrirse tampoco tiene tantas oportunidades de imaginar, crear, experimentar y desarrollar paciencia.
Y si a eso agregamos que muchas madres y padres trabajan jornadas largas, llegan cansados y disponen de poco tiempo para acompañar tareas o fomentar actividades deportivas, artísticas o recreativas, encontramos un entramado de factores tecnológicos, sociales y económicos.
🏫𝐋𝐚 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐚𝐫𝐫𝐞𝐠𝐥𝐚𝐫𝐥𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐨
Cada vez más sistemas educativos están restringiendo o prohibiendo los teléfonos en las aulas. El mundo educativo está respondiendo a un problema real de distracción.
Pero retirar un teléfono durante unas horas no puede solucionar por sí solo un problema mucho más amplio.
Una sola persona puede tener que atender grupos numerosos con estudiantes que presentan niveles muy distintos de aprendizaje, asumir tareas administrativas, intervenir ante problemas de conducta y responder simultáneamente a las expectativas de la institución y las familias.
Hay docentes extraordinarios, pero incluso ellas y ellos tienen límites cuando el contexto en el que enseñan no les acompaña.
📚 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐳𝐚𝐠𝐨 𝐚𝐜𝐮𝐦𝐮𝐥𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨
No es que un estudiante llegue “de repente” a secundaria o preparatoria sin comprender un texto.
Puede ocurrir algo así:
* En primero tiene dificultades para leer.
* En segundo aún no consolida esa habilidad.
* En tercero aparecen dificultades de comprensión.
* En cuarto ya le cuesta seguir instrucciones escritas.
* Continúa avanzando de grado con aprendizajes incompletos.
* Cada nuevo contenido intenta construirse sobre bases que nunca quedaron firmes.
Cuando finalmente el problema se vuelve evidente, ya no estamos hablando de una sola materia: hablamos de un rezago acumulado durante años.
En muchos casos, estudiantes avanzan de grado con aprendizajes que aún no han consolidado. Las causas pueden ser diversas: políticas educativas, presión institucional, falta de recursos para ofrecer apoyo individual, rezagos acumulados desde la pandemia y la dificultad de atender necesidades muy distintas dentro de un mismo grupo.
Y entonces el problema deja de pertenecer únicamente a la escuela.
📝𝐋𝐚 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐢𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫𝐚́ 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐮𝐥𝐚𝐬.
Sus consecuencias pueden alcanzar el mercado laboral, la innovación, la convivencia y también la democracia.
Cuando una persona tiene dificultades para mantener la atención, comprender textos complejos o contrastar fuentes, no solo puede verse afectado su desempeño escolar.
También puede resultarle más difícil identificar información falsa, reconocer falacias, comprender propuestas políticas complejas o analizar las consecuencias de una decisión pública.
La educación no solo forma personas que algún día se graduarán para trabajar.
Forma ciudadanía.
Una ciudadanía con menos herramientas para leer, contrastar y analizar información puede ser más vulnerable a la desinformación, la propaganda y los discursos simplistas.
Y no: este post no busca culpar a la madre que llega cansada y necesita que su hijo esté quieto mientras prepara la cena, ni al padre que necesita hacer una videollamada laboral y para conseguir unos minutos le presta el teléfono a su hija.
Esto no puede reducirse a críticas individuales.
La pregunta es mucho más grande:
¿Qué pasa cuando la moneda de cambio es nuestra atención?
¿Quién paga -y quién pagará- las consecuencias si acostumbramos a una generación a recurrir a videos, TikToks, chatbots o inteligencia artificial antes de intentar comprender, investigar y resolver por sí misma?