29/07/2026
Viendo un documental acerca de Juana Barraza( quien purga una condena de 759 años y 17 días de prisión) vi algo que me llamó la atención y se los comparto como dato curioso y breve investigación,como parte de medicina legal y neurociencias:
A Juana Barraza le hicieron un electroencefalograma como parte de una investigación neuropsicológica sobre la conducta violenta, no porque sospecharan principalmente epilepsia.
El equipo de la neuropsicóloga Feggy Ostrosky, de la UNAM, la sometió a entrevistas, pruebas cognitivas y de personalidad, además de una evaluación electrofisiológica. Durante el EEG utilizaron potenciales relacionados con eventos (PRE/ERP): le presentaban imágenes neutrales, agradables, violentas y con contenido moral mientras registraban la respuesta eléctrica cerebral. Buscaban conocer:
* Cómo procesaba emocionalmente las imágenes.
* Si reaccionaba de manera diferente ante una silla y ante una persona lesionada.
* Su sensibilidad frente al miedo, sufrimiento, culpa y contenido moral.
* Posibles alteraciones asociadas con funciones prefrontales, inhibición y control de la conducta.
La propia explicación de la UNAM señala que esta técnica buscaba observar cómo el cerebro procesaba estímulos emocionales; por tanto, no fue solamente un EEG basal convencional, sino un estudio experimental con estímulos y potenciales evocados. Publicación de la UNAM
Según Ostrosky, Barraza mostraba una respuesta cerebral reducida o poco diferenciada frente a distintos tipos de imágenes. Pero aquí está la advertencia importante: un EEG no diagnostica que alguien sea asesino, psicópata o culpable, ni permite leer pensamientos. Solamente registra actividad eléctrica y diferencias estadísticas en el procesamiento de estímulos.
De hecho, otros autores han cuestionado que las conclusiones sobre Barraza fueran demasiado amplias y hasta contradictorias: primero se descartaron alteraciones neurológicas importantes y posteriormente se hablaría de anomalías prefrontales. Análisis crítico del estudio
En resumen: se lo hicieron para estudiar científicamente su procesamiento emocional y neuropsicológico, no para comprobar sus crímenes ni porque ser asesina produzca una “onda cerebral” característica. Si el EEG detectara maldad, algunos congresos parecerían festivales de actividad epileptiforme.
Beto de Biomédica