14/05/2026
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La he***na olvidada de la estación
Antes de que existiera el monitoreo electrónico y los mensajes instantáneos, teníamos algo mucho más confiable: la jefa de piso.
Si comenzaste tu carrera en la época de los expedientes en papel y los pesados portapapeles metálicos, sabes que la “Tigresa Blanca” o la “Reina del escritorio” no era solo una asistente administrativa: era la controladora aérea de todo el servicio. Era la única persona que realmente sabía dónde estaba cada médico, paciente y enfermera perdida en cualquier momento.
¿Recuerdan el Kardex? Era el santo grial del cuidado del paciente, y siempre estaba en constante movimiento. Pero sin importar qué tan caótico se volviera el turno, la jefa tenía ese cajón mágico. Llegabas al escritorio despeinada, atrasada con tres medicamentos, y antes de que pudieras pedir algo, ya te estaba entregando exactamente lo que necesitabas: un lápiz perfectamente afilado con un borrador impecable.
No solo contestaban teléfonos; eran una central telefónica humana. Se sabían todas las extensiones de memoria y podían descifrar la letra ilegible de un médico mejor que cualquier farmacéutico. Mientras nosotros corríamos por los pasillos, ellas eran el latido constante en medio de la tormenta, manteniendo los expedientes al día, las solicitudes de laboratorio organizadas y el ánimo del personal en alto.
Tal vez nosotros éramos quienes colgábamos los sueros y tomábamos los signos vitales, pero seamos sinceros… la jefa de piso era quien realmente mantenía todo funcionando.