09/08/2026
Comparto .
La epilepsia que nunca ocurrió
Domingos de reflexión | Dr. Juan Carlos Beristain
Hay una escena que se repite casi cada semana en mi consulta de primera vez.
Llega una familia con un niño con TDAH, autismo, un problema de lenguaje o de aprendizaje. Traen su carpeta, sus estudios, y traen también un frasco: valproato, carbamazepina, a veces dos fármacos. Alguien, en algún momento, decidió iniciarlos.
Entonces hago la pregunta obligada:
¿Cuándo fue la última crisis? ¿Cuántas ha tenido?
Y la respuesta, una y otra vez, es la misma:
Ninguna, doctor. Se lo dieron por lo que salió en el electroencefalograma.
Ayer mismo vi uno de estos casos. El reporte del EEG decía “inmadurez eléctrica” y (esto no es broma) también reportaba “ansiedad”. Con eso bastó para iniciar valproato.
Quiero ser muy claro en algo antes de continuar: el valproato es un medicamento excelente. Bien indicado, ha cambiado la vida de miles de pacientes en neurología y en psiquiatría. El problema nunca es el fármaco. El problema es la indicación.
Lo que necesitas saber
1. La epilepsia es un diagnóstico clínico. Punto.
La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) lo definió operativamente: se diagnostica epilepsia ante al menos dos crisis no provocadas (o reflejas) separadas por más de 24 horas, o ante una crisis no provocada con un riesgo de recurrencia de al menos 60% a 10 años o bien ante el diagnóstico de un síndrome epiléptico. En las tres condiciones hay un evento clínico. No existe una cuarta que diga “un electroencefalograma anormal”.
2. Los niños sanos también tienen EEG anormales.
Esto sorprende a muchos: en un estudio de 1,057 escolares sanos de 6 a 12 años se detectaron descargas epileptiformes en el 5% . Otra serie con EEG digital en 382 niños sanos encontró descargas en 6.5% . Y cuando se les da seguimiento, la mayoría de esas descargas desaparecen solas durante la infancia; solo una minoría llega a presentar crisis, porcentaje que no se considera indicación para tratar . Los autores de estos trabajos son explícitos: un hallazgo incidental en un niño por lo demás sano no debe motivar tratamiento .
3. “Inmadurez eléctrica” no es un diagnóstico.
Tampoco lo es “ansiedad en el EEG”. No son categorías de la ILAE, no son entidades nosológicas, y no justifican una prescripción crónica. Un reporte no es un diagnóstico: es un dato que necesita un clínico que lo interprete a la luz del paciente.
4. El EEG no diagnostica autismo ni TDAH.
No existe patrón electroencefalográfico que confirme un trastorno del neurodesarrollo. El diagnóstico es clínico, estructurado, y requiere historia, observación y herramientas validadas. Punto.
5. La epilepsia no se previene con medicamentos.
Dar un anticrisis “por si acaso algún día le pasa algo” no protege a nadie. No hay evidencia de que la profilaxis farmacológica evite el desarrollo de epilepsia. Lo que sí hay es evidencia de riesgo.
6. Y aquí está el punto que más me preocupa: la apoptosis neuronal.
En un trabajo clásico publicado en PNAS, se demostró que fenitoína, fenobarbital, diazepam, clonazepam, vigabatrina y valproato provocan neurodegeneración apoptótica en el cerebro de ratas en desarrollo, a concentraciones plasmáticas equivalentes a las que usamos para control de crisis en humanos . Ese daño se acompañó de reducción de los niveles de BDNF y NT-3 (neurotrofinas esenciales para la supervivencia neuronal y la plasticidad). Y algo aún más relevante para nuestra práctica: combinaciones de fármacos que por separado no causaban daño, juntos produjeron neurodegeneración severa.
Sí, es evidencia preclínica. Sí, hay que interpretarla con cautela. Pero cuando la ponemos junto a lo que ya conocemos de los efectos adversos clínicos (cambios del estado de ánimo, alteraciones del sueño, aumento de peso, hepatotoxicidad, enlentecimiento cognitivo) la conclusión es obvia: el umbral para prescribir en un cerebro en desarrollo tiene que ser altísimo.
Lo que le digo a mis residentes y estudiantes:
El EEG acompaña. No confirma, no sustituye, no decide.
Acompaña a la historia clínica, a la descripción del evento, a la exploración neurológica cuidadosa. Cuando el EEG manda y la clínica calla, la decisión ya se tomó mal.
Y esto no es un ejercicio académico. Es un niño real que lleva años recibiendo un fármaco para una epilepsia que nunca tuvo, mientras su familia atribuye a su “condición neurológica” un enlentecimiento que en realidad es iatrogenia.
Primum non nocere. Primero, no hacer daño. En pediatría eso significa: primero, no dañar ese cerebro que apenas se está construyendo.
Si tu hijo o hija recibe un tratamiento anticrisis y nunca ha tenido una crisis, no suspendas nada por tu cuenta eso también puede ser peligroso. Pero sí pregunta. Tienes todo el derecho a preguntar: ¿cuál es el diagnóstico?, ¿qué crisis se documentó?, ¿cuánto tiempo más?, ¿cuál es el plan para retirarlo?
Preguntar no es desconfiar. Preguntar es cuidar.
Nos leemos el próximo domingo