05/06/2026
¿Todos los alumnos inscritos en CAM deberían estar en CAM?
Esta pregunta suele generar incomodidad porque toca una de las creencias más arraigadas en nuestro sistema educativo: que cuando un alumno presenta una discapacidad o enfrenta dificultades para aprender, el lugar más adecuado para él es la educación especial.
Sin embargo, desde el modelo social de la discapacidad, la discusión no gira alrededor de las limitaciones del alumno, sino alrededor de las barreras que construye la propia escuela.
Durante décadas, la discapacidad fue entendida desde una lógica asistencial o médica. Primero se excluyó a las personas con discapacidad de las escuelas; después se crearon escuelas especiales para atenderlas. Más tarde surgió la integración educativa, que permitió el acceso a la escuela regular bajo ciertas condiciones. Hoy, la inclusión plantea algo mucho más profundo: transformar la escuela para que pueda educar a toda la diversidad de estudiantes, no solamente a quienes se ajustan al modelo tradicional de enseñanza.
Por eso resulta necesario cuestionar una realidad que pocas veces se discute: los propios estudios sobre educación especial en México señalan que los CAM fueron concebidos para atender principalmente a estudiantes que, por la severidad de sus necesidades de apoyo, no podían integrarse a la escuela regular. Sin embargo, en la práctica, muchos CAM atienden alumnos con discapacidades leves e incluso estudiantes sin discapacidad.
Esto nos obliga a preguntarnos:
¿Cuántos alumnos están en CAM porque realmente requieren un servicio altamente especializado y cuántos están ahí porque la escuela regular no encontró la manera de responder a sus necesidades?
La investigación de García-Cedillo y Romero-Contreras encontró que estudiantes con discapacidades similares escolarizados en escuelas regulares con apoyo obtuvieron mejores resultados académicos que alumnos atendidos en CAM. Además, los autores recuerdan que existe abundante evidencia internacional que muestra beneficios significativos de la educación inclusiva para estudiantes con necesidades educativas especiales.
Esto no significa que los CAM no sean necesarios. Al contrario. Son servicios fundamentales para muchos estudiantes. Lo que significa es que la existencia de un diagnóstico no debería determinar automáticamente el lugar donde una persona estudia.
Porque cuando un alumno es enviado a educación especial únicamente porque aprende más lento, porque requiere ajustes razonables, porque presenta dificultades de conducta o porque necesita apoyos específicos, corremos el riesgo de convertir la diferencia en motivo de segregación.
La verdadera inclusión comienza cuando dejamos de preguntarnos:
"¿Está preparado el alumno para estar en la escuela regular?"
Y empezamos a preguntarnos:
"¿Está preparada la escuela para recibir a todos sus alumnos?"
Quizá la controversia no sea afirmar que no todos los alumnos inscritos en CAM deberían estar en CAM.
Quizá la verdadera controversia sea aceptar que, después de tantos años hablando de inclusión, seguimos organizando el sistema educativo como si la diversidad fuera el problema y no una característica natural de cualquier comunidad escolar.
Porque una escuela inclusiva no es aquella que decide quién puede entrar.
Es aquella que aprende a enseñar a quienes históricamente dejó fuera.