23/06/2026
No tienen idea de cuánto renegaba de niña (y también en la adolescencia, porque uno en esa etapa cree que tiene doctorado en quejas 😂) cuando mi mamá nos daba este menú en las mañanas…
Era un eterno:
“¿Otra vez?”
“¡Noooo, mamá!”
“¿No podemos comer otra cosa?” 🙈
Y lo más curioso de la vida es que ahora, años después… aquí estoy. Siendo adulta, siendo “señora” (palabra que todavía me da risa decir de mí misma 😅), preparando esto cada vez que puedo.
Primero, porque aceptémoslo, es un desayuno completo, nutritivo y perfecto para esos días en los que desde temprano ya estamos corriendo, resolviendo pendientes y tratando de que la vida adulta no nos gane la carrera 😂
Pero también porque, aunque me haya tardado años en aceptarlo…
¡ME ENCANTA!
Me encanta el olor que invade la casa mientras los frijoles se están cocinando. Ese aroma que se mete hasta los rincones y que, sin avisar, abre una puerta directa a la memoria.
Me encanta ese momento de servirlos y probar el primer sorbo cuando están listos… porque no solamente estoy comiendo.
Estoy recordando.
Estoy volviendo a una época en donde yo no tenía que preocuparme por organizar la vida, pagar cuentas, tomar decisiones difíciles o sostener tantas cosas.
Era simplemente hija.
Y qué bonito es descubrir que muchas de esas cosas que de pequeños no entendíamos, con los años empiezan a tener otro significado.
Supongo que eso también es crecer…
Comprender, por fin, de una vez por todas, que papá y mamá hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían.
Abrazar con empatía sus esfuerzos y dedicación sin los juicios egocéntricos que solemos hacer cuando somos pequeños.
Valorar, VALORAR de verdad, lo que importa.
Abrazar el pasado y traerlo con cariño y honra al presente.
Recordar con amor, con nostalgia, con gratitud… reconociendo que esas raíces sostienen todo lo que, hasta hoy, hemos constituido ❤️🩹