13/01/2026
EL DUELO: LA MUDANZA DE LA VIDA
(Por Fernando D'Sandi)
El duelo es un cambio de casa...
Una mudanza sin aviso, sin cajas suficientes,
sin tiempo para decidir qué llevar y qué dejar.
Es tomar lo poco que nos cabe en las manos,
ocupadas por recuerdos
que no queremos perder ni uno solo,
porque ahí está lo que fuimos
y lo que todavía duele amar.
Es salir casi huyendo
de una vida que se vino abajo,
cruzar entre los escombros de una historia
que no tuvo final,
solo un cambio brutal de escenario.
Nada se cerró del todo.
Nada quedó ordenado.
Solo quedó el movimiento.
El duelo no es cosa de valientes...
Es cosa de peregrinos.
De viajeros cansados
que continúan el regreso a casa
aunque ya no reconocen el camino.
Es avanzar con un mapa que dejó de servir
y una brújula obstinada
que solo apunta a lo que falta.
El duelo no es cosa de otros...
No es territorio público. Es de cada uno.
Por eso nadie de fuera tiene derecho a decirte
cuántas lágrimas son aceptables,
ni cuántos días tiene permitido tu corazón
antes de que el mundo impaciente
te exija volver a funcionar como si nada.
No... El duelo es cosa de adentro.
De acomodarse como se puede.
De buscarle forma a una vida que se siente deforme, incompleta y extraña.
De aprender a habitar habitaciones nuevas
con muebles que no elegimos
y silencios que nadie nos explicó.
Por eso digo que el duelo es una mudanza.
Un cambio forzado de una vida que,
sin ser perfecta, era nuestra.
Más o menos cómoda.
Más o menos conocida.
Y ahora todo es nuevo,
todo es distinto, todo cuesta.
No lo pedimos.
No lo planeamos.
Pero la vida nos sacó a la calle
y nos empujó a continuar el viaje
con lo puesto y el corazón a medio empacar.
Porque en esta vida no somos huéspedes.
Somos viajeros.
Gente de a pie con un destino parecido
pero nunca escrito.
Un viaje sin plan, sin garantías, sin certezas.
Y aun así,
algo dentro sabe que un día llegaremos.
Que existe una casa que nos coincide.
Una que sí es nuestra.
Una que vuelve a unir
lo que aquí quedó separado.
Una donde todo encuentra su lugar
y el amor deja de doler.
Más le vale a la vida
cumplirme esa promesa...
Créditos: Fernando D'Sandi