31/03/2026
Cuando las condiciones emocionales no son favorables y habitan sensaciones desagradables lo que comúnmente suele suceder es querer dejar de sentirnos así, en varias ocasiones hemos escuchado decir: ya no quiero pensar.
Posterior a esto se viene una lucha interminable en la que a toda costa tratamos de evadir ese pensamiento para evitar el malestar. Métodos de fuga hay bastantes como el trabajo, dr**as, relaciones, entretenimiento y demás, que aparentemente funcionan a corto plazo, pero a largo plazo el pensamiento desagradable sigue ahí junto con el malestar.
Una de las maneras que se aborda esta situación es poder aprender a observar los pensamientos como lo que son: pensamientos. Eso es una de las primeras acciones para posteriormente abordar las consecuencias que traen esos pensamientos.
Una herramienta que funciona es contemplar los pensamientos como olas del mar. Ellas van y vienen, igual que nuestros pensamientos. No nos vamos con las olas, nos quedamos a observarlas desde la orilla de la playa; quizá en algún momento las olas sean grandes y nos alcancen pero podemos volver a la orilla y observar como llegan y se van. Podemos percatarnos de sus sonidos, de sus olores, de cómo se siente nuestro cuando las olas vienen y se van…
El resultado de observar las olas es completamente diferente a ir y venir nosotros con ellas. Cuando nos dejamos envolver por las olas y nos arrastran en su ir y venir vamos a terminar lastimados, quizá ligeramente con un poco de arena en el cabello o puede que nos lleven a aguas profundas o que impidan nuestra respiración y causen altos niveles de angustia.
Aprender a contemplar los pensamientos es una habilidad que se práctica. Si necesitas aprender al respecto ir a terapia es la mejor alternativa.
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