23/01/2026
¿Por qué tanto miedo de internar a tu hijo en un centro de rehabilitación?
Porque ningún padre está preparado para aceptar que su hijo perdió el control.
Porque internarlo es reconocer que el amor no fue suficiente.
Porque duele admitir que ya no puedes sostenerlo, que sus mentiras, sus crisis y su consumo ya rebasaron todo lo que estaba en tus manos.
Da miedo porque crees que te va a odiar.
Da miedo porque imaginas su enojo, su resentimiento, sus palabras hirientes.
Da miedo porque piensas que te verá como “traidor”, cuando en realidad estás siendo el único que todavía intenta salvarlo.
Da miedo porque internarlo te confronta con tus culpas:
“¿Dónde fallé?”,
“¿Qué hice mal?”,
“¿Podría haberlo evitado?”.
Y ninguna madre quiere mirar esas preguntas de frente.
Da miedo porque no sabes si funcionará.
Porque no conoces el proceso.
Porque tienes la idea de que sufrirá.
Porque te aterra dejarlo en manos de alguien más, aunque tú ya no puedas más.
Da miedo porque internarlo es soltar el control, y aceptar que él también debe enfrentar sus consecuencias.
Pero lo más fuerte es esto:
Se tiene miedo… porque se ama demasiado.
Y cuando se ama tanto, cualquier decisión que duela parece imposible.
Aun así, internarlo no es un acto de abandono.
Es un acto de vida.
Es decir: “Prefiero que te enojes conmigo a perderte para siempre.”
Y esa es la decisión más valiente y más amorosa que un padre puede tomar.