02/08/2026
Cuando falleció mi mamá hubo algo que nunca entendí.
No lloré, o al menos no como esperaba.
Y no era porque no me doliera. Al contrario. Creo que me dolía tanto que mi cuerpo hizo lo único que podía hacer... aguantar o desconectarse.
Pasaron meses.
Un día fui a recibir un masaje. Sin expectativas. Solo quería descansar un rato, por curiosidad, nunca había recibido uno, supongo que tampoco estaba acostumbrada a recibir, soy una persona que se aiente más cómoda dando que recibiendo.
Pero de la nada empecé a llorar.
Me acuerdo que hasta me dio pena al principio. Pensé: "¿Qué me está pasando?"
Después entendí que no era el masaje haciéndome llorar, cuando estudié más de psicología y de masoterapia.
Era mi cuerpo dejando de sostener todo lo que había estado cargando.
A veces estamos tan ocupados sobreviviendo que ni siquiera nos damos cuenta de cuánto estamos tensando el cuerpo para seguir adelante.
Por eso hoy veo los masajes de una forma muy distinta, por eso fundé Xoa Spa.
No son solo para quitar contracturas, son masajes teráputicos para darnos un alivio más allá de lo físico.
A veces son ese pequeño espacio donde el cuerpo, por fin, siente que ya no tiene que ser fuerte todo el tiempo.
Y cuando eso pasa... a veces solo descansas.
Y otras veces, también sanas. 🤍
Si sientes que tu cuerpo lleva tiempo pidiéndote una pausa, este es tu recordatorio para escucharlo.
Agenda tu masaje. Te esperamos. ✨