13/07/2026
“Mi mamá me dijo: ‘¿Cirugía? Pero si el niño venía jugando y pidiendo papitas.’”
—Mamá… pues es que ya fui con la doctora que me dijo Juanita.
—¿La cardióloga de niños? ¿La pelirroja?
—Sí, esa mera.
—¿Y qué te dijo?
—Que sí hay que cerrarle el conducto.
—¿Cómo que cerrarle? ¿Del corazón?
Ay, hija… pero si el niño está bien. Hace rato venía brincando en la banqueta. Hasta venía pidiendo papitas.
—Ya seeee… mamá. Lo mismo pensé yo.
—Entonces no entiendo. ¿Para qué hacerle algo si se ve normal?
—Porque eso fue justo lo que me explicó la doctora: que el conducto y los problemas del corazón, muchas veces no se notan por fuera.
—¿Cómo que no?
—Que el niño puede jugar, correr, reírse, hacer berrinche… y aun así su corazón esta trabajando de más y se va maltratando por dentro.
—Pero entonces, ¿está grave?
—No grave como uno se imagina. Asi de estar tirado en cama y cansarse por todo, pues no, no está morado, no está dejando de ser niño.
Pero por dentro, ese vasito, vena o arteria sigue abierto y deja pasar sangre por donde ya no debería.
—¿Como una fuga?
—Ándale, algo así. La doctora dijo que era como una tubito que servía cuando estaba en mi panza, pero que al nacer tenía que cerrarse.
—¿Y si se quedó abierta?
—Entonces puede pasar sangre de más hacia los pulmones, y el corazón trabaja extra y ese trabajo de más, pues lo maltrata.
— Y entonces … ¿para qué andamos partiendo tabletas tan caras si no sirven para nada?
—Eso también pregunté yo, mamá. Estamos bien conectadas mamá! Jajaja!
Y me dijo que no es que no sirvan.
Los medicamentos sí sirven, pero no cierran el conducto.
Sirven para limitar el daño que recibe el corazón por estar trabajando de más. Ayudan a que trabaje en mejores condiciones mientras llega el momento del cierre.
—Entonces el cierre es lo que le quita ese trabajo extra?
—Exacto.
No se cierra porque el niño se vea mal.
Se cierra para evitar que se siga maltratando su corazón.
—Pero ya sabes cómo va a ser la gente:
“¿Para qué, si se ve bien?”
“¿Para qué, si corre?”
“¿Para qué, si no parece enfermo?”
—Ya empezaron, mamá.
Y sí, yo también quisiera que con verlo bien fuera suficiente.
Pero el ecocardiograma ve lo que nosotros no vemos.
El eco ve si el corazón está creciendo de más, si está recibiendo carga, si los pulmones tienen más sangre y si ese conducto, aunque parezca chiquito, trae al corazón trabajando como si tuviera doble turno.
—Entonces no se decide por la cara del niño?
—No. Se decide por lo que está pasando adentro.
—¿Y después del cierre qué?
—Eso fue lo que más me tranquilizó.
La doctora me dijo que, cuando se cierra a tiempo y no hay daño importante, a muchos niños les va muy bien.
Pueden ir a la escuela, correr, jugar, crecer y hacer vida normal.
—¿Normal normal?
—Sí, mamá. Normal de niño.
Cansarse porque jugó, no porque su corazón está cargando de más.
—¿Y puede dejar la medicina?
—En muchos casos sí. Depende de cada niño y de cómo esté su corazón, pero muchas veces después del cierre ya no necesitan seguir con esos medicamentos.
—Entonces a ver si entendí…
No lo van a cerrar porque se vea enfermo.
Lo van a cerrar para que no se siga maltratando su corazón.
—Exacto.
—Y las tabletas no eran inútiles.
—No. Eran para protegerlo mientras llegábamos a este punto.
—¿Y ahora qué sigue?
—Me dijo la doctora que hablara con ustedes por lo de la cirugía.
—Pues hija…
si va a poder hacer vida normal,
si le van a quitar ese trabajo extra al corazón,
y hasta puede dejar de tomar medicina…
¿cuándo lo programamos?