El mundo de Luna

El mundo de Luna Psicología y educación.

23/08/2018

CAFÉ PSICOANALÍTICO inicia el 2018 con su TEMPORADA 31 para festejar su próximo 8° ANIVERSARIO. Café Psicoanalítico evolucionó a la Multiplataforma en el año...

20/08/2018
19/08/2018

Las personas con esquizofrenia pueden escuchar voces que no están allí. Ellos pueden pensar que otras personas quieren hacerles daño. A veces, no tiene sentido cuando hablan. Este trastorno hace que sea difícil para ellos mantener un trabajo o cuidar de sí mismos.

Te presentamos una infografía sobre la diferencia entre delirio y alucinación, síntomas que pueden estar presentes en la esquizofrenia.

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15/07/2018
11/07/2018

El agotamiento emocional es un estado al que se llega por sobrecarga de esfuerzo. En este caso no hablamos solo de excesos lab...

05/07/2018

Las experiencias proporcionadas por los padres y otros cuidadores,
sostienen los cimientos de la integración y la salud mental.
Daniel Siegel

Para poder acompañar los desbordes emocionales de forma respetuosa, es fundamental comprender de qué se tratan y, para ello, es preciso entender cómo se va desarrollando el cerebro a nivel psicoemocional.

El “cerebro triuno” es un modelo desarrollado por el Dr. Paul McLean para explicar la función de los rastros de evolución que existen en la estructura del cerebro humano. Según este modelo, el mismo se divide en tres: el complejo reptiliano (reptiles), el sistema límbico (mamíferos primitivos) y el neocórtex (mamíferos superiores).

El complejo reptiliano incluye al tronco del encéfalo y al cerebelo. Es la parte más primitiva del cerebro, desarrollada hace alrededor de 500 millones de años. Es el encargado del comportamiento instintivo y de supervivencia, el equilibrio, la autorregulación del organismo y las funciones “automáticas” (por ejemplo, la respiración y el ritmo cardíaco).

El sistema límbico incluye a la amígdala, al tálamo, al hipotálamo y al hipocampo. Es considerado el cerebro emocional/afectivo en la medida en que es el que nos otorga la capacidad de sentir y desear.

El neocórtex o “corteza cerebral”, se encuentra en el cerebro de mamíferos más evolucionados y es el responsable de los procesos intelectuales superiores: pensamiento avanzado, voluntad consciente, planificación, razonamiento, lenguaje. Está conformado por dos hemisferios: el izquierdo (vinculado con procesos de razonamiento lógico y funciones analíticas) y el derecho (asociado a la imaginación y la creatividad).

Desde el nacimiento y durante los primeros tres años de vida el complejo reptiliano y el sistema límbico se encuentran muy desarrollados, no así la corteza pre-frontal (parte del lóbulo frontal, en el neocórtex) que es la que posibilita, entre otras funciones, razonar, procesar las emociones percibidas, el control de impulsos y la tolerancia a la frustración.

Desde el punto de vista del desarrollo, en los niños muy pequeños predomina el hemisferio derecho, sobre todo durante los primeros tres años. Éstos todavía no dominan la capacidad de emplear la lógica y las palabras para expresar sus sentimientos, y viven totalmente en el presente (…) para ellos la lógica, las responsabilidades y el tiempo todavía no existen, afirman el Dr. Daniel Siegel y Tina Payne Bryson en su libro “El cerebro del niño”[1].

Los niños pequeños no tienen los mismos recursos que los adultos para gestionar sus emociones, y las mismas – al no ser reguladas – inundan y son vividas con gran intensidad: felicidad plena, tristeza absoluta, frustración “desmedida”. Como afirma la psicóloga española Violeta Alcocer, lo que la rabieta de nuestro hijo nos está diciendo es: “He perdido todo el control sobre mis emociones y sobre mi mismo, los sentimientos negativos se han apoderado de mi y soy incapaz de manejarlos”.[2]

Se trata de des-bordes emocionales en los que es imprescindible que los adultos acompañemos de forma empática, respetuosa, con amor y paciencia, conteniendo, ayudando a construir esos bordesque aún no están. Estas intensas expresiones emocionales son parte del desarrollo psíquico y cerebral y ofrecen oportunidades para estimular mecanismos en los que el sistema límbico debe interactuar con la corteza cerebral generando nuevos circuitos neuronales que le permitirán al niño ir enfrentando cada vez mejor estas situaciones. Si los adultos logramos conservar la tranquilidad, podemos ayudar a que el niño se calme, podemos acompañarlo y contenerlo, podemos “prestarle” nuestra función de reguladores emocionales para que poco a poco pueda ir interiorizándola y recién una vez que esté más tranquilos, podemos ayudarlo a identificar lo sucedido, a comprender la emoción para poder abordarla a futuro de manera eficaz, contando con distintos recursos para enfrentar este tipo de situaciones.

tomado de: https://psicologascrianzarespetuosa.wordpress.com/tag/desborde-emocional/

05/07/2018

“Cuando crecemos. La adolescencia y su crisis

“El cerebro sufre una fuerte reorganización hasta llegar a los veinticinco años. A medida que entramos en la adolescencia, sufrirá una fuerte remodelación, semejante al recableado de un circuito eléctrico. Los axones, la parte de las neuronas usada para conectarse a otras neuronas, se van a volver más gruesos gracias a una capa de sustancia grasa llamada mielina (la sustancia blanca del cerebro) que permitirá multiplicar la velocidad de la transmisión neuronal varios cientos de veces. Por otra parte, las dendritas, que son las extremidades neuronales que reciben la mayoría de la señales de los axones cercanos, aumentarán sus ramificaciones.”

“Resulta que el sistema límbico, relacionado con las respuestas emocionales y básicas, madura en la pubertad mucho antes de lo que lo hace el neocórtex, encargado de generar pensamientos más elaborados, sofisticados y racionales, que no alcanza su punto de desarrollo máximo hasta los veinticinco años. ¿Explica esto la urgencia con la que los adolescentes viven su existencia en esos difíciles años y su tendencia a sufrir tormentas emocionales?”

“El adolescente cree saberlo todo, aunque sea un recién llegado a la experiencia de la vida, y por este motivo tiende a padecer conflictos con el entorno y suele sentirse incomprendido. Es normal, es lo que le dicta su cerebro. También expresa una tolerancia muy baja a situaciones que requieren de su paciencia, y esto también tiene un claro reflejo cerebral. Los estudios de neuroimagen revelan que en esta edad se encuentra especialmente excitado un grupo de neuronas que forman el llamado núcleo accumbens, área relacionada con el sentido de la recompensa y el placer.”

“Esta sobreestimulación de las funciones placenteras del cerebro explicaría que los adolescentes vivan con una ventana de tiempo tan corta y manifiesten esa imperiosa necesidad por logar sus objetivos rápido, sin esperar. También da sentido al «aburrimiento» del que con frecuencia se quejan: no lo dicen por desinterés, es que su cambiante estructura neuronal de estos años les reclama estar expuestos a situaciones de alta carga emocional. La mejor manera de acompañarles en este trance es ser conscientes de lo que les está pasando por dentro.”

Fragmento de: Eduardo Punset. “Lo que nos pasa por dentro”. .

01/07/2018

Las últimas investigaciones en la neurofisiología y en la psicología han dado como resultado un nuevo enfoque sobre cómo los seres humanos aprendemos: no existe una sola forma de aprender, cada per…

12/06/2018
02/06/2018

Nuevo video ya disponible en YouTube 🙌🏻 Conceptos lacanianos de la Metáfora Paterna & los 3 Tiempos del Edipo.

24/05/2018

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