16/07/2026
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐢𝐞𝐧𝐳𝐚 𝐚 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫 𝐥𝐢́𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞 𝐪𝐮𝐞 “𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨́”.
Sin embargo, 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞́ 𝐞𝐫𝐚 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚𝐧 𝐨𝐛𝐭𝐞𝐧𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐚 𝐚𝐮𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐢́𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬.
¿Cuántas veces llamarón “egoísta” a una mujer solo porque dejó de estar disponible para todos?
¿Cuántas veces alguien dijo que “la terapia la volvió fría”, cuando en realidad solo aprendió a no tolerar malos tratos?
¿Por qué incomoda tanto que alguien diga “no”, y no incomoda haber abusado de su paciencia durante años?
Hay personas que no extrañan quién eras.
Extrañan la facilidad con la que podían cruzar tus límites sin consecuencias.
Y entonces aparecen frases como:
“desde que vas al psicólogo estás peor”,
“antes eras más buena onda”,
“ya no eres la misma”.
¿Peor . . . para quién?
Porque muchas veces sanar no se ve bonito.
Sanar implica dejar de callarte.
Dejar de complacer.
Dejar de aguantar.
N𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐬 “𝐩𝐞𝐨𝐫”.
S𝐨𝐥𝐨 𝐲𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐚𝐧 𝐟𝐚́𝐜𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐢𝐩𝐮𝐥𝐚𝐫.