24/08/2026
Haber conocido a Jesús no significa que ya no te enojes, que no te duelan las cosas o que no tengas impulsos.
Nuestra carne muchas veces quiere reaccionar desde el enojo, el orgullo, el rencor o la venganza.
Pero entonces podemos recordar a Quién seguimos.
Yanet una relación con Jesús nos puede dar un criterio diferente para vivir. Su Evangelio nos enseña a perdonar cuando quisiéramos guardar rencor, a tener dominio de sí cuando quisieramos explotar, a poner límites sin odiar, a decir la verdad sin destruir y a elegir el amor incluso cuando cuesta.
No siempre podemos controlar lo que sentimos, pero sí podemos decidir qué hacemos con lo que siento.
Y ahí está nuestra lucha diaria.
Que nuestros impulsos no tengan la última palabra. Que la tenga Cristo.
“El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí”. (Gálatas 5,22-23)