29/05/2026
Sanar no fue dejar de ser aquella niña; fue aprender a acompañarla. Con los años descubrí que crecer no consiste en alejarse de quien fuimos, sino en reencontrarnos con una mirada nueva. El tiempo no me cambió tanto como imaginaba: me reveló. Me mostró mis heridas, mis fortalezas y también los caminos que había olvidado. Y un día, casi sin darme cuenta, me abracé con más ternura, más comprensión y más verdad. Entonces entendí algo hermoso: me había convertido en el lugar seguro que tanto necesitaba.