10/06/2026
Imagino, en la clínica, que cuando aparece en una persona en estado Beech, su presencia está señalando que ella vive relaciones complejas y espinosas con su entorno. Esta alentada por la crítica y el deseo de juzgar a gente, eventos y circunstancias, que surgen en su vida, pero, sin embargo, carece de la disposición, por una parte, a darse cuenta de la sensibilidad aumentada que lo atormenta, y que lo conduce a sentir lo que siente y, por otra, la interdependencia que existe entre él y los otros que genera el hecho que, los otros, sean espejos de su interior. Si esto se reconoce en lugar de querer cambiar a los demás, se aprende a aceptarlos tal como son. La consecuencia es que uno mismo comienza a aceptarse tal como es y la relación llega a nuestra existencia. Ahora bien, si se mira en detalle, vemos la particular cualidad que relaciona a Beech con Chicory. No solo por la crítica y el afán de corrección que late en ambos, sino por la dependencia que los dos profesan por aquello que los rodea. Ese exceso de estar atentos a los errores de los demás esconde una profunda necesidad de ser tenidos en cuenta. Justamente, Beech, nos enseña a ser sensibles (ver surgir lo bello y bueno en todo lo que nos rodea) sin ser dependientes; a ser tolerantes con uno y con los otros. De esa manera, este remedio ayuda a la realización personal y al darse cuenta que la causa de nuestra dicha mora en el interior de cada quien y es hacia allí donde hay que dirigir las miradas en lugar de hacia afuera. Así, es posible desistir de proyectar nuestras expectativas personales en los otros y dejar de criticarlos y corregirlos.
Artículo por Eduardo H. Grecco
¿Cuándo fue la última vez que algo de otra persona te irritó profundamente... y luego reconociste algo de eso en ti mismo?