08/03/2026
Conmemorando el día de la mujer… Elisabeth Kübler Ross a quien admiro por su fortaleza interior y por el Don de la empatía hacia el dolor humano, no solo espectadora, sino también una mujer compasiva de primera.
Elisabeth Kübler-Ross: La mujer que me enseñó a permanecer
En el mes de la mujer quiero honrar a una de las maestras más influyentes en mi camino como acompañante del duelo:
Elisabeth Kübler-Ross.
No la honro solo por su teoría.
La honro por su valentía.
Porque cuando el mundo médico evitaba hablar de la muerte, ella se sentó junto a quienes estaban muriendo.
Cuando la ciencia se enfocaba únicamente en el cuerpo, ella escuchó el alma.
Cuando el dolor era incómodo, ella permaneció.
Y permanecer… es un acto profundamente femenino.
Elisabeth no “creó” el duelo.
Lo dignificó.
Escuchó con respeto la negación, la ira, la negociación, la tristeza y la aceptación.
Nos dio un mapa, no para encasillar el dolor, sino para normalizarlo.
Gracias a ella hoy podemos decirle a alguien que sufre:
Lo que sientes tiene sentido.
No estás loco.
No estás débil.
Estás amando.
Como tanatóloga y como mujer, he aprendido que la compasión no es suavidad frágil.
Es firmeza amorosa.
Es sostener una mirada cuando otros la apartan.
Es tocar una mano cuando el miedo paraliza.
Es escuchar sin querer corregir.
Eso fue lo que Elisabeth hizo.
Y eso intento hacer cada día.
Ella fue criticada.
Fue cuestionada.
Fue considerada “demasiado emocional” en un sistema rígido.
Pero no retrocedió.
Sostuvo su visión humanizadora cuando no era popular hablar de espiritualidad en la medicina.
Nos recordó que el ser humano es cuerpo, mente y espíritu.
Y esa integración cambió la historia del acompañamiento al final de la vida.
Si hoy puedo sentarme junto a una madre que ha perdido a su hijo…
Si hoy puedo acompañar a un paciente en proceso oncológico sin reducirlo a un diagnóstico…
Si hoy puedo hablar de duelo con dignidad y profundidad…
Es porque mujeres como Elisabeth abrieron el camino.
Su legado no es solo académico.
Es profundamente humano.
Nos enseñó que el duelo es amor que busca dónde colocarse.
Que el final de la vida puede ser un espacio de crecimiento.
Que incluso en medio del sufrimiento existe oportunidad de reconciliación.
En este mes de la mujer quiero decir algo con claridad:
La compasión también es liderazgo.
La ternura también es valentía.
La presencia también transforma sistemas.
Gracias, Elisabeth, por enseñarnos que acompañar es un acto sagrado.
Y a todas las mujeres que hoy sostienen, escuchan, cuidan y permanecen…
Estamos caminando sobre una senda que otras abrieron con coraje.
Con gratitud profunda,
Wendy Pineda
Directora General 💜