31/08/2026
Funciones cognitivas en la era digital: cuando las pantallas comienzan a gobernar la atención:
Las funciones cognitivas son los procesos mentales que nos permiten recibir información, comprenderla, almacenarla y utilizarla para desenvolvernos en la vida cotidiana. Entre las principales se encuentran:
🔸Atención: seleccionar lo importante y mantener la concentración.
🔸Memoria: registrar, conservar y recuperar información.
🔸Lenguaje: comprender y expresar ideas.
🔸Percepción: interpretar lo que captan nuestros sentidos.
🔸Funciones ejecutivas: planear, organizar, controlar impulsos, tomar decisiones, resolver problemas y adaptarse a los cambios.
🔸Cognición social: reconocer emociones, comprender a otras personas y regular nuestra conducta en comunidad.
Durante la infancia y la adolescencia estas capacidades todavía están madurando, especialmente las funciones ejecutivas relacionadas con la corteza prefrontal. Por ello, el cerebro en desarrollo es particularmente sensible a los hábitos digitales.
¿Cómo puede afectar el uso perjudicial de pantallas y redes sociales?
🔶Las pantallas no son dañinas por sí mismas. Pueden favorecer el aprendizaje, la creatividad y la comunicación cuando el contenido es apropiado, existe acompañamiento adulto y su utilización no desplaza actividades esenciales. El problema aparece cuando el uso se vuelve excesivo, compulsivo, nocturno, fragmentado o sin supervisión.
🔶Las notificaciones constantes, los videos breves, el desplazamiento infinito y la recompensa inmediata pueden acostumbrar al cerebro a cambiar rápidamente de estímulo. Esto dificulta mantener la atención en tareas más lentas, como leer, estudiar, escuchar una clase o sostener una conversación.
Sus alteraciones pueden manifestarse como:
🔹Distracción frecuente y dificultad para terminar tareas.
🔹Necesidad constante de revisar el teléfono.
🔹Menor tolerancia al aburrimiento y a la espera.
🔹Problemas para retener instrucciones o recordar lo estudiado.
🔹Impulsividad y dificultad para detener el uso.
🔹Menor capacidad de organización, planeación y autocontrol.
🔹Irritabilidad, ansiedad o enojo cuando se retira el dispositivo.
🔹Reducción del desempeño escolar y de la convivencia familiar.
🔹Alteraciones del sueño, cansancio diurno y menor concentración.
🔹Abandono del ejercicio, el juego, la lectura y la interacción presencial.
La evidencia científica relaciona el uso excesivo o problemático de redes sociales con dificultades en la atención, la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas. Sin embargo, muchos estudios son observacionales: muestran asociaciones, pero no permiten afirmar que las pantallas sean la única causa. También influyen el sueño, la salud mental previa, el entorno familiar, el contenido consumido y la finalidad del uso. Una revisión reciente encontró resultados mixtos: el uso perjudicial se asocia con efectos negativos, mientras que ciertas actividades educativas y acompañadas pueden aportar beneficios cognitivos (BMC Pediatrics, 2025).
En la primera infancia importa no solamente cuánto tiempo se permanece ante una pantalla, sino qué se observa, con quién y en qué contexto. La exposición pasiva, el contenido inadecuado y las pantallas encendidas durante la convivencia familiar se relacionan con resultados cognitivos y psicosociales menos favorables; en cambio, el acompañamiento del cuidador puede mejorar el aprovechamiento educativo (JAMA Pediatrics, 2024).
La vía silenciosa: el desplazamiento de experiencias necesarias:
🔷Una parte importante del daño no proviene únicamente de la pantalla, sino de aquello que sustituye: sueño suficiente, actividad física, juego libre, lectura profunda, diálogo familiar, aprendizaje presencial y contacto con la naturaleza.
🔹El uso nocturno puede retrasar el sueño por la estimulación emocional, las notificaciones y la luz de los dispositivos. Dormir menos afecta directamente la atención, la memoria, el control emocional y la consolidación del aprendizaje. Por eso, un niño cansado puede parecer distraído, irritable o impulsivo sin que necesariamente padezca un trastorno neuroconductual.
Cuánto tiempo es demasiado?
🔷No existe una cifra única aplicable a todas las edades y circunstancias. En escolares y adolescentes debe evaluarse la calidad del contenido, el propósito y, especialmente, si el uso interfiere con el sueño, el aprendizaje, el movimiento y la convivencia. La Academia Americana de Pediatría recomienda un plan familiar individualizado y priorizar contenidos de calidad y actividades saludables (AAP, 2026).
🔷Para menores de cinco años, la Organización Mundial de la Salud recomienda evitar las pantallas sedentarias durante el primer año y limitar su uso a no más de una hora diaria entre los dos y cuatro años; menos tiempo es mejor. Deben priorizarse el juego activo, el sueño y la interacción con las personas cuidadoras (OMS, 2019).
México ante el reto regulatorio:
En México se encuentran en discusión diversas iniciativas para proteger a niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales. Entre las propuestas se incluyen restricciones para crear cuentas antes de determinadas edades, consentimiento parental, verificación de edad, privacidad reforzada, controles parentales y responsabilidades específicas para las plataformas.
En marzo de 2026 se presentó en la Cámara de Diputados una iniciativa que propone restringir la creación de cuentas en menores de 13 años, salvo consentimiento verificable de madres, padres o tutores (Gaceta Parlamentaria, 18 de marzo de 2026). Otra propuesta contempla una posible restricción total antes de los 14 años y uso supervisado entre los 14 y 17 años (Gaceta Parlamentaria, 23 de marzo de 2026). También se ha planteado exigir consentimiento parental para menores de 16 años, junto con privacidad predeterminada y obligaciones de protección para las plataformas.
Es importante precisar que se trata de iniciativas legislativas y no debe comunicarse como si ya existiera una prohibición federal general vigente para todas las personas menores de edad. El debate continúa abierto y requiere equilibrar protección, privacidad, acceso a la información, educación digital y derechos de la niñez.
Proteger sin aislar, educar sin abandonar:
La solución no consiste únicamente en quitar teléfonos. Una política integral debe combinar límites apropiados para la edad, alfabetización digital, acompañamiento familiar, diseño seguro de las plataformas y atención temprana de los signos de uso problemático.
En el hogar conviene establecer horarios y espacios sin dispositivos; evitar pantallas durante las comidas, el estudio y al menos una hora antes de dormir; mantener los teléfonos fuera del dormitorio; acompañar a los menores en sus primeras experiencias digitales y enseñarles a reconocer publicidad, desinformación, violencia y manipulación algorítmica.
Regular el acceso puede reducir riesgos, pero ninguna ley sustituirá el diálogo familiar, la educación socioemocional y el ejemplo de las personas adultas.
La tecnología debe estar al servicio del desarrollo humano. Cuando una pantalla desplaza el sueño, el aprendizaje, el movimiento, los afectos y la vida comunitaria, deja de ser solamente una herramienta y comienza a convertirse en un problema de salud pública.
Referencias bibliográficas:
1. American Academy of Pediatrics. (2026). Digital ecosystems, children, and adolescents: Policy statement. Pediatrics, 157(2), e2025075320.
2. Mallawaarachchi, S. R., et al. (2024). Early childhood screen use contexts and cognitive and psychosocial outcomes: A systematic review and meta-analysis. JAMA Pediatrics. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2024.2620
3. Organización Mundial de la Salud. (2019). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para menores de cinco años.
4. Impact of social media on cognitive development of children and young adults: A systematic review. (2025). BMC Pediatrics. https://doi.org/10.1186/s12887-025-06041-5
5. Cámara de Diputados. (2026, 18 y 23 de marzo). Gaceta Parlamentaria, LXVI Legislatura.
Dr. Félix HHiguera
Salud con Propósito