20/06/2026
❤️🩹
A veces digo: “tiene autismo”.
Antes lo decía bajito, casi en secreto, como si estuviera pidiendo perdón.
Hoy lo digo firme, sin encogerme, porque entendí que explicarlo no es debilidad: es información.
Lo digo cuando la risa se vuelve demasiado fuerte y las miradas se cruzan.
Cuando no mide la fuerza y empuja.
Cuando el grito aparece sin aviso y rompe la calma.
No lo digo para justificar todo.
Lo digo porque es un dato real.
Porque hay cosas que le cuestan más.
El autismo no es dulzura constante.
No es un talento oculto esperando aplausos.
No solo es una metáfora bonita sobre “ver el mundo diferente” puede ser, pero no siempre es así.
Es dificultad para regularse.
Es rigidez que complica los cambios.
Es ansiedad que se activa sin advertencia.
Es un trabajo diario y constante.
Hay avances, sí.
Pero también hay casos con retrocesos.
Hay terapia, estructura, límites, repeticiones.
Hay cansancio.
Hay conductas desafiantes que desgastan.
No todo comportamiento es “parte del autismo”. A veces también tratan de comunicarnos más.
Se enseña.
Se corrige.
Se establecen consecuencias.
Y si piensas que es mala crianza, te equivocas mucho. Existen barreras neurológicas e
Impulsos difíciles de frenar, Necesidades sensoriales y cognitivas que no siempre se pueden contener solo con voluntad.
Decir “tiene autismo” no es pedir aplausos.
No es excusa.
No es disculpa.
Es pedir que antes de juzgar, entiendan que no todos parten del mismo punto.
Que aunque trabajemos en casa, aunque pongamos límites, aunque intentemos anticiparnos, siempre habrá algo que se desborde.
No romantizo esta parte.
Porque cuando las conductas no se comprenden, se vuelven más peligrosas: generan rechazo, aislamiento y estigma.
Cuando digo “tiene autismo”, también estoy visibilizando esta realidad.
La que no siempre es cómoda.
La que no siempre es inspiradora.
La realidad tal como es, y si alguien me pregunta me siento capaz de responder sin ningún filtro, porque eso también es concientizar.
Karla Ferrero