14/03/2026
Ser fisioterapeuta también es, para mí, una forma de hacer activismo.
Acompañar a mujeres y niñas implica reconocer que no todas vivimos las mismas condiciones. Por eso he decidido enfocar parte de mi trabajo en mujeres con discapacidad física y mujeres sordas, donde las barreras para participar, decidir y ser escuchadas siguen siendo enormes.
Este año comencé a impartir talleres de Lengua de Señas Mexicana (LSM), muy básicos pero con una intención clara: aprender a comunicarnos para poder incluir. Porque la inclusión no empieza en los discursos, empieza cuando hacemos el esfuerzo de entendernos.
En el marco del 8M realicé el primer taller, “Aprender a incluir”, y hoy tuve la oportunidad de retomarlo gracias a la invitación del CAM 8, trabajando con docentes y madres de familia.
Además de aprender algunas señas, conversamos sobre perspectiva de género e interseccionalidad. Porque cuando hablamos de derechos de las mujeres también tenemos que hablar de discapacidad, lengua, acceso, territorio y desigualdad. Si no miramos esos cruces, muchas niñas y mujeres siguen quedando fuera.
La interseccionalidad no es una palabra de moda: es una herramienta para nombrar las desigualdades y empezar a transformarlas.