24/08/2026
Metáfora: el vecino molesto.
Imagina que estás en tu casa como cualquier día, de pronto escuchas que tocan tu puerta, con desesperación. Abres la puerta y es tu vecino, dice que has roto sus ventanas, tú comienzas a explicarle que has estado en tu casa todo el tiempo y que no fuiste tú, te esfuerzas por explicar a detalle, con argumentos, con testigos, pero tu vecino solo grita y entre más grita más atención te roba. Gastas energía y tiempo tratando de explicar pero no logras convencerlo.
Así que por fin decides hacer algo valiente y diferente, te metes a tu casa y cierras la puerta, desde el interior de tu casa, sigues escuchando sus gritos, pero decides que tu atención esté en tus labores cotidianas, así que de pronto te robará atención, pero sigues con tu rutina, quizá no sea perfecto ese día, pero tú estás decidiendo a que le pones atención, en lugar de salir y discutir algo que no tiene final. Un día tu vecino se cansa y se retira.
Te dejo algunas preguntas de reflexión:
Cuánto tiempo pasas intentando convencerte de que una obsesión no es cierta?
Y si no necesitas convencer al vecino de que está equivocado?
Y si puedes escuchar sus gritos, aceptar que están ahí y aun así decidir volver a tu vida?
Cuántas veces has salido a discutir con el TOC para demostrarle que está equivocado? Qué pasaría si esta vez no intentaras ganar la discusión y simplemente volvieras a aquello que importa para ti?
No siempre puedes impedir que el vecino toque la puerta. Pero sí puedes decidir cuánto tiempo vas a pasar discutiendo con él.
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