13/05/2026
“El éxito tiene rostro de madre.”
Bert Hellinger relacionaba mucho la figura de la madre con la capacidad de recibir: recibir amor, apoyo, bienestar… e incluso abundancia. La abundancia no era solo dinero; era sentir flujo, energía, pertenencia y capacidad de prosperar.
Hablaba de “tomar a la madre” como un proceso interno profundo de aceptación. Para él, la madre representa el primer vínculo con la vida, y tomarla significa decir internamente: “Sí a ti tal como eres, y sí a la vida que vino a través de ti.”
En su visión, “tomar a la madre” no implicaba idealizarla ni negar heridas o errores. Más bien, consistía en reconocerla como la fuente de la vida y dejar de luchar internamente contra ella. Según Hellinger, cuando una persona rechaza a su madre —por dolor, enojo o juicio— muchas veces también se desconecta parcialmente de sí misma, de su fuerza vital o de la capacidad de recibir amor.
Algunas ideas que repetía mucho eran:
“La madre es la puerta hacia la vida.”
“Tomar a la madre es tomar la vida.”
Que reconciliarse internamente con la madre podía dar más sensación de arraigo, fuerza y paz.
También decía que este proceso podía ser especialmente difícil cuando hubo abandono, enfermedad mental, violencia o sufrimiento en la relación. En esos casos, “tomar” no significaba justificar lo ocurrido ni tolerar daño, sino reconocer la realidad y encontrar una forma de no quedar atrapado únicamente en el resentimiento o el dolor.
Utilizaba frases como:
“Mamá, tomo todo lo que viene de ti.” o “Gracias por la vida.”