15/07/2026
Durante once días cargados de fuego, atravesé un profundo umbral. Un choque de energías ancestrales sacudió mi cuerpo y mi espíritu, desarmando todo lo que ya no podía sostener. E incluso se me ha dicho que han notado en mi mirada la presencia de paz que se instaló en mis entrañas.
En la oscuridad de ese vacío sagrado, recordé una verdad antigua: la Luna no susurra mitos… ella canta verdades. Sus ciclos nos mueven, nos purifican, nos renuevan.
Tuve que morir bajo sus efectos.
Permitir que el ego y sus viejos programas se disolvieran en mi sangre.
Tuve que soltar el hacer, el controlar, el sostener… y entregarme completamente a la sanación, aunque el alma ardiera.
De este vientre de silencio y purga, renazco más suave, más clara y más humilde. Porque solo quien se vacía puede volver a contener el río de luz para sus hermanas.
A todas las mujeres medicina, tejedoras de luz, terapeutas del espíritu y guardianas del fuego sagrado:
Permítanse pausar.
Permítanse caer.
Permítanse morir y renacer en el vientre de la Gran Madre.
No hay mayor medicina que la pausa consciente.
No hay mayor acto de amor hacia las que vienen detrás que regresar enteras, limpias y encendidas.
Que nuestra luz no sea esfuerzo, sino derrame natural del alma restaurada.
Con el corazón abierto y las manos llenas de estrellas,
Su hermana en el camino Diana Zaira ❤️