22/08/2025
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Muchas veces escuchamos a personas decir: “yo soy neurodiverso” o usar indistintamente las palabras neurodiversidad y neurodivergencia. Aunque parecen similares, en realidad no significan lo mismo, y entender esta diferencia es clave para hablar con propiedad sobre el tema.
La neurodiversidad es un concepto amplio que se refiere a la variedad natural de cerebros y formas de pensar que existen en la humanidad. Así como hay diversidad cultural o biológica, también existe diversidad neurológica. Esto incluye tanto a personas consideradas “neurotípicas” (cuyo cerebro funciona de acuerdo con lo esperado por la sociedad) como a aquellas que se salen de ese estándar. En pocas palabras, la neurodiversidad es el paraguas que abarca a todos.
Por otro lado, la neurodivergencia hace referencia a las personas cuyo cerebro funciona de manera distinta al patrón “típico”. Es un término individual, no colectivo. Un ejemplo claro son las personas autistas, con TDAH, dislexia, dispraxia, síndrome de Tourette, entre otras condiciones. Decir “soy neurodivergente” es lo correcto, porque describe que tu forma de procesar el mundo se aparta de lo que la sociedad considera “normal”.
El error común viene de pensar que “diverso” equivale a una característica personal. Sin embargo, la diversidad solo existe en grupo: no decimos “soy diversidad cultural”, sino “soy parte de la diversidad cultural”. De la misma manera, todos formamos parte de la neurodiversidad, pero no todos somos neurodivergentes.
Comprender esta diferencia no es solo un tema de terminología: es reconocer la riqueza de la experiencia humana y dar valor a la forma única en la que cada cerebro contribuye al mundo.