01/08/2026
Muchas personas llegan a terapia diciendo:
👉 “Ya era mayor, estaba enfermo… lo esperábamos, pero me rompió por dentro.”
👉 “Tengo 50 años y me siento huérfano como un niño.”
👉 “Desde que murió mi mamá ya no soy la misma persona.”
Y entonces escuchan frases como:
👉 “Ya cumplió su ciclo.”
👉 “Al menos no sufrió.”
👉 “Con el tiempo se te va a pasar.”
Pero el duelo no se mide por la edad de quien murió, ni por el tiempo que tuviste para prepararte.
Desde una mirada psicoanalítica, la muerte de un padre o una madre no significa únicamente perder a una persona.
También significa perder al testigo de toda tu historia.
A quien conocía tu primer llanto, tus miedos, tus triunfos, tus errores y cada versión de ti.
Mientras nuestros padres viven, sin importar la edad que tengamos, seguimos ocupando el lugar de hijos.
Cuando uno de ellos muere, ese lugar cambia para siempre.
Por eso muchas personas sienten que, además de perder a su padre o a su madre, también perdieron una parte de sí mismas.
Hay otra realidad difícil de nombrar.
La muerte de un padre o una madre también nos confronta con nuestra propia finitud. Nos recuerda que el tiempo avanza y que nosotros también formamos parte de ese ciclo.
Freud describía el duelo como un proceso en el que, poco a poco, el vínculo con quien murió encuentra una nueva forma de existir dentro de nosotros.
No se trata de olvidar.
Se trata de aprender a vivir llevando a esa persona por dentro.
Porque el duelo no rompe el amor.
Transforma la manera en que ese amor permanece con nosotros.
— Psic. Mariana Morales
Psicóloga Clínica | Sexóloga | Terapeuta de Pareja
Referencias
Freud, S. (1917/2006). Duelo y melancolía. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. 14). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1917).
Freud, S. (1900/2006). La interpretación de los sueños. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vols. 4–5). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1900).