08/06/2026
Detrás de un niño deportista que se pone nervioso al competir o tiene miedo a equivocarse, frecuentemente hay papás con problemas para manejar la presión deportiva.
🚩Papás que se frustran porque sus hijos no tienen el rendimiento que ellos quisieran, papás que gritan desde las gradas esperando que su hijo juegue como ellos desean o papás enojados porque su hijo se equivocó en una jugada.
Y cuando esto pasa, ¿quién es el que termina yendo primero con el psicólogo? La respuesta es clara: el niño.
Cuando papá o mamá tienen baja tolerancia al error, reaccionan con enojo cuando su hijo comete errores, pierden la calma si las cosas no salen como esperaban o se frustran demasiado después de una derrota, el niño percibe que no tiene margen de error y eso a la larga genera mucha presión.
Muchas veces son los adultos quienes, sin querer, ponen demasiada presión emocional con sus propias expectativas, miedos o frustraciones.
¿El resultado? Niños deportistas que llegan a consulta porque sienten que equivocarse no está permitido. Niños que empiezan a sobrepensar cada jugada, que se bloquean en partidos importantes, que sienten miedo a fallar y cargan con la presión de no decepcionar a quienes más aman.
Si como papá buscas que tu hijo deportista aprenda a competir con seguridad y confianza, tú como adulto debes practicar también esas habilidades emocionales.
Por eso, a veces antes de pensar que tu hijo tiene un problema psicológico, valdría la pena que te preguntes: ¿qué necesito aprender yo como papá para acompañarlo mejor?
Esto no significa que la psicología deportiva no sea útil para niños con esas problemáticas; claro que puede ayudarles a desarrollar su confianza o gestión emocional, sin embargo, siempre debe ir acompañada de un trabajo paralelo con los padres, porque su influencia es clave en el proceso… incluso determinante.