29/06/2026
Hoy la vida me regaló flores pero no cualquier flor … Flores de la pasión! 🥰🥰.
Durante días pasé junto a aquella enredadera sin detenerme demasiado. Pensé que era eso: una enredadera más,@ verde, invasora, silenciosa.
Hasta que hoy decidí mirarla con verdadera atención, y entonces ocurrió el milagro.
Entre las hojas descubrí una de las flores más extraordinarias que he contemplado.
Era una pasionaria… Tan perfecta, tan delicada y tan misteriosa que por un instante sentí que el tiempo se detenía.
Y comprendí, una vez más, que el universo —o quizá la vida misma— siempre encuentra formas sutiles de hablarme cuando aprendo a mirar.
Pensé en cuántas veces hice lo mismo no solo con la vida, con las personas e incluso con migo misma: creyendo que ya se lo que tengo por delante y dejo de observar, de sorprenderme.
Qué importante es no perder nunca la capacidad de asombro.
Porque el asombro mantiene vivo el corazón… A mí me devuelve a la infancia del alma y me recuerda que todavía hay belleza esperando ser descubierta en aquello que parecía cotidiano.
La pasiflora, además de su belleza, es conocida por regalar calma, por aquietar la mente y favorecer el descanso, quizá por eso llegó hoy a mi camino, para recordarme que la serenidad también florece cuando dejo de correr y empiezo , simplemente, a contemplar.
Hoy descubrí que no era una simple enredadera, era un milagro floreciendo en silencio.
Y tal vez esa sea una de las lecciones más hermosas de la vida: los grandes regalos no siempre aparecen envueltos en lo extraordinario, a veces esperan pacientemente, ocultos entre las hojas de lo cotidiano, hasta que el alma decide mirar con atención.
Hoy volví a asombrarme.
Y cada vez estoy más convencida de que una vida llena de asombro es una vida profundamente VIVA.