Sexología y Psicoterapia Integral Espiral Samadhi

Sexología y Psicoterapia Integral Espiral Samadhi Acompañamiento psicológico, psicoterapia sexual, s**oterapia, en formato individual o de pareja, con enfoque humanista e integrativo.

Psicoterapia general, psicoterapia sexual o s**oterapia, formato individual o de pareja, con enfoque humanista, integral, con perspectiva de género.

14/07/2026

Crédito en el vídeo.

14/07/2026

"Solo podemos volver a encontrar el amor si nos liberamos de la obsesión por el poder y el dominio sobre los demás."

"No conozco a nadie que haya adoptado una ética del amor y no tenga una vida más feliz y más satisfactoria."

"Optar por una ética del amor significa vivir día a día todas las dimensiones del amor: el cuidado, el compromiso, la confianza, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento."

Bell Hooks

30/06/2026

¿Por qué algunos hombres sienten que deben demostrar que son hombres?

La antropóloga argentina sostiene que buena parte de la violencia nace de una idea que muchos aprendieron desde niños: que la masculinidad debe demostrarse constantemente.

Por Redacción Nota Antropológica

Hay hombres que nunca sienten la necesidad de demostrar que son "más hombres" que los demás. Pero también hay quienes convierten cualquier desacuerdo en una competencia, cualquier rechazo en una ofensa y cualquier muestra de vulnerabilidad en algo que debe ocultarse.

Basta observar una pelea de tránsito, una discusión en redes sociales o una conversación entre adolescentes para notar que, muchas veces, la pregunta no es quién tiene la razón, sino quién logra imponerse.

¿Por qué ocurre eso?

La antropóloga argentina Rita Segato lleva décadas estudiando la violencia desde la antropología.

El 14 de abril de 2025, durante una conferencia impartida en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, propuso que muchas expresiones de violencia tienen un mismo origen: una forma de entender la masculinidad que exige demostrar poder una y otra vez.

Segato afirma que las leyes y los derechos humanos han perdido gran parte de su capacidad para contener la violencia que hoy atraviesa distintas regiones del mundo. Conflictos como el de Gaza, explica, muestran un escenario donde el poder de destruir parece imponerse sobre cualquier principio jurídico.

Pero ¿qué sostiene esa maquinaria de violencia?

Su respuesta fue el llamado mandato de masculinidad.

Desde esta perspectiva, ser hombre no es únicamente una condición biológica. También es una posición social que debe validarse constantemente.

Muchos niños aprenden desde muy pequeños que deben ser fuertes, controlar sus emociones, no mostrarse vulnerables y demostrar que pueden imponerse sobre otros.

La masculinidad deja de ser algo que simplemente se posee y se convierte en una prueba permanente.

Ese examen, explica Segato, casi siempre tiene espectadores.

Por eso describe la masculinidad como una especie de corporación.

Lo importante no es solamente la relación entre un hombre y una mujer. Muchas veces, el verdadero destinatario de ciertos actos es otro hombre.

El reconocimiento, el prestigio y la aceptación provienen del grupo masculino. En ese contexto, ejercer poder puede convertirse en una forma de ganar respeto entre los propios pares.

Desde esa mirada, muchas agresiones dejan de entenderse como hechos aislados y comienzan a verse como actos que buscan confirmar una identidad frente a otros hombres.

Para ilustrarlo, Segato mencionó dos ejemplos recientes.

Uno es el conocido caso Pelicot, ocurrido en Francia, donde un hombre drogó durante años a su esposa y permitió que decenas de hombres ab-saran sexualm/nte de ella.

La antropóloga ve el caso más que un acto dirigido únicamente contra la víctima, lo interpreta como una alianza masculina donde el cuerpo de una mujer terminó funcionando como un espacio para reforzar vínculos y demostrar complicidad entre hombres.

El otro ejemplo aparece en una serie llamada Adolescencia, que retrata la presión que muchos jóvenes experimentan para encajar dentro de ciertos modelos de masculinidad.

Quien no logra cumplir esas expectativas corre el riesgo de ser ridiculizado, excluido o considerado insuficientemente hombre.

Segato también relaciona este fenómeno con las transformaciones económicas del mundo actual.

Durante mucho tiempo, muchos hombres construyeron su identidad alrededor del papel de proveedores. Pero el aumento de la desigualdad y la concentración de la riqueza han debilitado esa posibilidad para millones de personas.

Cuando desaparecen otras formas de reconocimiento social, algunos encuentran en la violencia un recurso para recuperar una sensación de autoridad que sienten perdida.

Uno de los conceptos más interesantes que desarrolla es el de posición bisagra.

Se refiere a hombres indígenas, racializados o pertenecientes a grupos históricamente subordinados que viven una doble relación de poder.

Frente a estructuras coloniales o racistas experimentan humillación y subordinación. Pero dentro de sus propios espacios pueden intentar recuperar esa autoridad ejerciendo viol3ncia sobre quienes ocupan posiciones todavía más vulnerables, especialmente las mujeres.

A partir de ese análisis, Segato también cuestiona algunas formas de pensar el feminismo.

Sostiene que el objetivo no debería ser ocupar los mismos espacios de poder construidos por el patriarcado. Si ese poder se basa en la dominación, reproducirlo no transforma el problema.

En cambio, propone imaginar formas distintas de organización social donde el cuidado, la cooperación y la vida comunitaria ocupen un lugar central.

Para ella, desarrollar una conciencia de género implica reconocer que el patriarcado no se mantiene únicamente por las acciones de los hombres. También existen mujeres que reproducen esas mismas lógicas porque crecieron dentro del mismo sistema cultural.

Quizá una de las ideas más llamativas de su conferencia es que el mandato de masculinidad también daña a los propios hombres.

Les enseña que expresar miedo es una debilidad, que llorar es vergonzoso y que pedir ayuda puede interpretarse como un fracaso. Muchos terminan viviendo bajo una presión constante por demostrar que merecen ser reconocidos como hombres.

La propuesta de Segato no consiste únicamente en reducir la violencia contra las mujeres.

También busca liberar a los propios hombres de un modelo que convierte la competencia, el dominio y la dureza emocional en requisitos para ser aceptados.

Por eso insiste en que las transformaciones no dependen únicamente de nuevas leyes. Las instituciones siguen siendo importantes, pero también lo son las comunidades, las familias, las escuelas y todos aquellos espacios donde aprendemos qué significa convivir con otras personas.

Si una sociedad enseña que el valor de un hombre depende de cuánto poder puede ejercer sobre otros, ¿qué formas existen para modificar ese patrón?

Fuente: Segato, R. (2026). Repensar las estructuras de la violencia contra las mujeres en el presente global. Conferencia magistral, Oaxaca, México.

LA PSICOTERAPIA QUE ME INTERESAMe interesa una psicoterapia que no se limite a describir síntomas, sino que intente comp...
16/06/2026

LA PSICOTERAPIA QUE ME INTERESA

Me interesa una psicoterapia que no se limite a describir síntomas, sino que intente comprender la historia que existe detrás de ellos. Una psicoterapia que reconozca que muchas formas de sufrimiento adulto -ansiedad, depresión, inseguridad, dependencia emocional, dificultades en la pareja o problemas para poner límites- suelen estar relacionadas con experiencias tempranas que dejaron huellas emocionales duraderas.

Me interesa una psicoterapia que explore la influencia de las heridas infantiles en la vida actual. No porque considere que todo se explique por la infancia, sino porque muchas veces las experiencias de abandono, maltrato, abuso, negligencia o invalidación emocional continúan influyendo en la forma en que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás. Comprender esas huellas permite dar sentido a muchos conflictos que, de otro modo, aparecen como incomprensibles o desconectados de la propia historia.

También me interesa una psicoterapia profundamente sensible al sufrimiento humano. Una psicoterapia que escuche antes de diagnosticar, que intente comprender antes de etiquetar y que no pierda de vista que detrás de cada síntoma existe una persona con una historia singular. El objetivo no es encajar a los pacientes en categorías predefinidas, sino comprender cómo cada uno construyó su manera particular de estar en el mundo.

Me interesa, además, una psicoterapia crítica de los dogmatismos teóricos. Las teorías son herramientas valiosas, pero ninguna debería transformarse en una verdad absoluta. Cuando la teoría se vuelve más importante que la persona, corremos el riesgo de dejar de escuchar. Por eso prefiero una actitud abierta, capaz de integrar distintos aportes clínicos en función de las necesidades de quien consulta.

Creo en una psicoterapia que combine vínculo y técnica. El vínculo terapéutico es una condición esencial para el cambio, pero también lo son las intervenciones, las preguntas, los ejercicios de escritura, las tareas y otras herramientas que favorecen la reflexión y la transformación. No veo una oposición entre ambas dimensiones, sino una complementariedad.

Finalmente, me interesa una psicoterapia afectiva y no neutral. Una práctica clínica donde la cercanía, la validación, la sensibilidad y el compromiso humano formen parte del proceso terapéutico. Una psicoterapia que, sin perder rigurosidad ni límites profesionales, reconozca que sanar muchas veces ocurre en el contexto de un encuentro humano significativo.
Sebastián León.
Citas al 477 256 2037

El costo invisible de la entrega absoluta e incondicional dentro de una relación de pareja: la estafa emocional  y econó...
13/06/2026

El costo invisible de la entrega absoluta e incondicional dentro de una relación de pareja: la estafa emocional y económica.
Una de las violencias más normalizadas, más silenciadas, más escondidas en la vida cotidiana de las mujeres es la estafa emocional y económica que muchas veces ocurre en el interior de la familia. Esa dinámica donde los hombres no sólo se desentienden de la corresponsabilidad económica, sino que además construyen patrimonio personal a costa del trabajo, la entrega y el sacrificio de las mujeres que aman.

Marcela Lagarde nos enseñó a identificar los cautiverios de las mujeres, esos lugares donde, sin barrotes visibles, nos quedamos atrapadas en el mandato de amar, de cuidar, de sostener, de ser buenas mujeres. Las mujeres aprenden a entregarlo todo: el dinero, el tiempo, el cuerpo, la salud, la vida. Y lo entregan convencidas de que así funciona el amor. Pero ¿quién nos enseñó que amar era darlo todo sin recibir lo mismo a cambio? La misma cultura que también nos juzga cuando buscamos ser felices sin cumplir con los mandatos de género, cuando elegimos ser nuestra prioridad y nos señalan como “egoístas.

Clara Coria, desde su lúcida crítica al poder del dinero en las relaciones, nos muestra que el dinero no es neutro, el dinero es poder. ¿Por qué los hombres no dan cuentas de su dinero, mientras las mujeres tienen que justificar cada peso que gastan? ¿Por qué ellas aportan todo al gasto diario, a la comida, a la escuela de los hijos, mientras ellos guardan, invierten, construyen… pero no para la familia, sino para sí mismos?

El patrimonio que ellos presumen haber “construido” muchas veces se erige sobre la espalda de una mujer que sostuvo todo: los pagos, la crianza, la casa, la relación. Muchas veces cuando esos hombres encuentran a otra mujer que les parece más útil, más joven o simplemente una mujer más a quien estafar emocionalmente o económicamente, entonces llegan los reproches: “yo lo compré”, “yo lo construí”, “esto es mío”. Pero no, no lo hicieron solos. Lo hicieron porque hubo una mujer que sostuvo lo invisible, lo no contado: los gastos cotidianos, las jornadas dobles, las noches sin dormir, las preocupaciones eternas. Lo hicieron porque esa mujer, mientras ellos acumulaban bienes, acumulaba cansancio, frustración y soledad.

Eso es violencia económica.
Eso es violencia psicológica.
Eso es despojo.
Eso es estafa.

El dinero, como dice Clara Coria, es también un dispositivo de control: quien lo administra, quien lo guarda, quien lo pone a su nombre, tiene el poder. Y las mujeres, atrapadas en el mandato de cuidar y amar, muchas veces no se dan cuenta de que están siendo usadas, de que están sosteniendo no sólo la casa, sino la comodidad del otro, mientras ellas mismas se abandonan.

Este texto es para ti, que estás ahí preguntándote si lo que vives es violencia.
Sí, lo es.
Es violencia cuando no te permite crecer, cuando te obliga a entregar todo sin reciprocidad, cuando te hace sentir que no tienes derecho a pedir, a guardar, a tener algo propio. Es violencia cuando el dinero del otro siempre está lejos, siempre es ajeno, pero el tuyo es común, es de la familia, es de todos.

No te sientas culpable por darte cuenta. No te sientas culpable por querer salir.
Reconocerlo es el primer paso.

— Yolitzin Jaimes Rendón

CUANDO EL HUMOR TIENE MÁS VERDAD QUE MUCHOS MINISTERIOSHenar Álvarez hizo algo bastante raro en televisión: decir una ve...
11/06/2026

CUANDO EL HUMOR TIENE MÁS VERDAD QUE MUCHOS MINISTERIOS

Henar Álvarez hizo algo bastante raro en televisión: decir una verdad brutal sin envolverla en tecnicismos ni miedo a incomodar. Lo hizo en La 1, en horario de máxima audiencia, hablando de tampones con arsénico, mercurio y plomo. Metales pesados. Dentro del cuerpo de millones de mujeres. Y lo más inquietante no es solo la presencia de esos materiales tóxicos en productos de higiene íntima. Lo verdaderamente obsceno es que apenas existan estudios suficientes sobre las consecuencias reales de introducirlos en una de las zonas más absorbentes del cuerpo humano. Ahí está el núcleo del monólogo. Ahí está la denuncia. “Nuestra salud no importa nada”, resumió la humorista. Y cuesta discutirlo.

Porque si mañana descubrieran que un producto masculino de uso masivo contiene restos de metales pesados capaces de afectar al cerebro, al hígado, al desarrollo fetal o al sistema nervioso, el escándalo ocuparía portadas durante semanas. Habría ruedas de prensa, investigaciones urgentes y tertulias hablando de emergencia nacional. Pero cuando afecta a la salud femenina, el debate suele quedar atrapado entre el pudor social, el silencio médico y esa vieja costumbre patriarcal de tratar el dolor de las mujeres como exageración estadística. Durante décadas se investigaron más los efectos secundarios de la calvicie masculina que enfermedades como la endometriosis. Y todavía hoy muchísimas mujeres tardan años en recibir diagnósticos correctos para patologías que condicionan toda su vida cotidiana. No es casualidad. Es prioridad política.

EL CAPITALISMO TAMBIÉN ENTRA POR EL CUERPO

El monólogo de Henar funciona porque mezcla humor salvaje con una sensación reconocible de abandono colectivo. Cuando ironiza con “tirarse un p**o vaginal y ponerle brackets al ginecólogo” o pregunta si pueden “dejar de echar tóxicos en nuestra comadreja”, no está frivolizando. Está señalando algo mucho más incómodo: que el cuerpo de las mujeres lleva décadas funcionando como laboratorio de productos insuficientemente estudiados mientras las grandes industrias siguen operando con una impunidad casi absoluta. Primero fueron cosméticos. Luego anticonceptivos con efectos secundarios minimizados. Después productos de higiene femenina fabricados con materiales sobre los que apenas existía vigilancia pública real. Y siempre el mismo patrón: beneficios privados, riesgos socializados y una investigación científica históricamente construida desde parámetros masculinos.

La parte más dura llega precisamente cuando Henar recuerda que sí existen estudios sobre los efectos de la exposición elevada a esos metales tóxicos en seres humanos. Riesgo de demencia. Daños hepáticos, renales y cerebrales. Alteraciones en el desarrollo fetal. Lo que no se ha estudiado suficientemente es qué ocurre cuando esos materiales entran en contacto continuado con el cuerpo femenino mediante productos de uso cotidiano. Y esa ausencia de respuestas también es una respuesta política. Porque cuando algo afecta principalmente a las mujeres, el sistema tarda más en mirar, más en regular y muchísimo más en indignarse. Luego aparecen los discursos vacíos sobre natalidad, conciliación o defensa de la familia mientras ni siquiera se garantiza que millones de mujeres puedan introducirse un tampón sin preguntarse qué demonios llevan dentro.
De Spanish revolution.

Para una ética afectiva más allá del sobrevalorado enamoramiento y deseo sexual Dejar de seducir.Dejar de buscar cómo ge...
07/06/2026

Para una ética afectiva más allá del sobrevalorado enamoramiento y deseo sexual

Dejar de seducir.
Dejar de buscar cómo generar situaciones de tensión sexual.
Dejar de seleccionar que parte de mí te muestro para gustarte más.
Dejar de laburarse lo linda, lo deseable, lo cool, la onda.
Dejar de ser amables sólo con quien queremos coger.
Empezar a ser más amiga.
Empezar a cuestionarnos el deseo y por qué nos gustan siempre las mismas personas.
Empezar a erotizarnos con otros cuerpos.
A erogenizar otras partes.
A darnos placer por el placer y no para y por el orgasmo. Empezar a salirnos del protocolo.
Explorar otras maneras de acercarnos, de conocernos.
Empezar a disfrutarnos en el compartir, más allá del s**o. Recircular las demostraciones de afecto físico.
Abrirla a más allá de nuestras amantes.
Y más en un ambiente con más gente.
Redistribución del cariño.
Mirarnos más a los ojos.
Dejar de catalogar todo con base en quién me tira la onda y quien no.
Gustarnos.
Habitar el gustar sin ansias de poseer.
Reírnos.
Reírnos un montón.
Disfrutar los subidones sabiéndolos breves y planear en las bajadas.
Acompañarnos.
Crear lazos.
Armar redes.
Formar vínculos.
Cuidarnos.
Tratarnos bien.
Decirnos la verdad.
Agradecer.

Cecilia Neitor Chmielnicki ❤️
La vagabunda.

No es respeto. Es control.Muchos hombres no rechazan la sexualización de las mujeres: solo quieren que “su” mujer no sea...
05/06/2026

No es respeto. Es control.

Muchos hombres no rechazan la sexualización de las mujeres: solo quieren que “su” mujer no sea mirada como ellos miran a las demás. No les molesta el consumo del cuerpo femenino; les molesta perder la exclusividad sobre el cuerpo de la mujer que tienen al lado.

👉 Ahí no hay amor, ni valores, ni cuidado. Hay doble moral: exigir pureza mientras se consume cosificación. Porque cuando el respeto depende de controlar cómo una mujer se muestra, no es respeto: es posesión.
Crédito en la imagen.

🧠 El cerebro no distingue entre el dolor físico y un rechazo social.Hay algo que la neurociencia lleva años intentando e...
05/06/2026

🧠 El cerebro no distingue entre el dolor físico y un rechazo social.
Hay algo que la neurociencia lleva años intentando explicar y que la mayoría de nosotros ya sabe de manera instintiva: quedarse solo duele. No metafóricamente. Duele en el mismo lugar del cerebro donde duele una herida física.
Cuando alguien te excluye, te rechaza o simplemente te ignora, tu amígdala y tu córtex cingulado anterior se activan exactamente igual que cuando hay una amenaza real para tu supervivencia. Tu cuerpo libera cortisol. Sube la inflamación. El sistema inmune cambia.
Pensemos también en las personas que viven en soledad crónica. No es solo tristeza lo que pueden sentir. Están modulados por una carga biológica real, sostenida en el tiempo.
Pero la historia tiene otra cara sobre esto, y es que el apoyo social activa las mismas regiones cerebrales que procesan la seguridad. Ver la foto de alguien querido reduce el dolor. Un mensaje de apoyo durante un momento difícil literalmente baja la actividad en las zonas de amenaza del cerebro.
La investigación realizada deja claro que no somos individualistas por naturaleza. Somos mamíferos y los mamíferos sobrevivieron juntos.
Cuidar tus vínculos es la clave.

Fuente:
Eisenberger, N. I. (2013). Social ties and health: A social neuroscience perspective. Current Opinion in Neurobiology, 23(3), 407–413. https://doi.org/10.1016/j.conb.2013.01.006
Crédito a Alex Ríos.

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