19/04/2026
El Hara.
La importancia del abdomen en el pensamiento y la medicina orientales desconcierta a los occidentales que desconocen el concepto oriental de hara. ¿Qué tiene el abdomen o el hara que resuena con tanta fuerza en la tradición china y japonesa? ¿Por qué tanto revuelo por el vientre? Al fin y al cabo, el abdomen es solo el centro físico del cuerpo: graso, plano, con barriga cervecera o musculoso como la ‘tabla de lavar’ de un atleta; nada más que una jaula muscular. Lo importante está dentro: los órganos de la digestión, la excreción y la reproducción. Sin embargo, ¿qué son estas estructuras sino partes anatómicas de carne con cierta importancia fisiológica, más o menos necesarias para nuestro funcionamiento general? Podemos extirpar la vesícula biliar, el bazo, partes del estómago, el intestino delgado y el grueso. Hay personas que viven con un solo pulmón. Podemos funcionar, aunque con limitaciones, con un solo riñón, e incluso durante un tiempo limitado sin ninguno. Podemos fácilmente reemplazar la vejiga. Incluso hay personas a las que les reparan y reemplazan el corazón y el hígado. El cerebro es el órgano más vital, y su fallo define la muerte. El abdomen se sitúa en la base de la jerarquía fisiológica occidental. ¿Por qué, entonces, la tradición oriental no coincide?
Un análisis de esta actitud occidental hacia el abdomen puede proporcionar el contexto para comprender la idea oriental. Dado que la teoría occidental considera que la salud es la ausencia de enfermedad, en lugar de un estado reconocible, la preocupación se centra en la enfermedad y su proceso. De hecho, rara vez hablamos de salud de otra manera. Incluso la ‘medicina preventiva’ occidental se concentra en evitar ciertas enfermedades específicas. Vacunamos, medimos y suplementamos los valores nutricionales, analizamos los precursores biológicos de las enfermedades y esperamos descifrar nuestro propio código genético con tanta precisión que podamos predecir predisposiciones patológicas. Nuestras definiciones estadísticas de salud, requerimientos nutricionales mínimos, esperanza de vida y tasas de supervivencia no son ni ideas ni objetivos. Son simplemente evaluaciones matemáticas de lo ‘normal’ según lo definen los promedios.
Incluso una mirada superficial a las ideas occidentales sobre la salud muestra que estamos centrados en la enfermedad. Sin embargo, esto no es absoluto ni inmutable. En los márgenes de la medicina, en el ámbito del profano, los individuos han precedido a los profesionales de la salud en la creación de un concepto de salud. Hemos comenzado a ‘correr por la vida’ y a ‘comer para estar sanos’. Los estilos de vida que prometen longevidad reciben cada vez más atención. La experiencia cultural moderna está replicando los logros del pensamiento oriental tradicional, donde hemos comenzado a considerar lo que hacemos, sentimos, pensamos y cómo vivimos como las principales causas de la salud o el malestar. Nuestra idea de salud ahora incluye la capacidad y la habilidad, y otros estados positivos medidos por cómo contribuyen a nuestras vidas, a nuestro ‘bienestar’. En los últimos tiempos, hemos comenzado a hablar de la capacidad de mantener la concentración desde el centro del ser, de estar ‘centrados’. Quizás influenciados por la introducción gradual del pensamiento oriental, hemos comenzado a atribuir esto físicamente al abdomen, el centro del cuerpo.
Comúnmente usamos el término ‘centrado’ para describir un estado del ser. A menudo se trata de un ideal, una descripción del comportamiento o la reacción óptima que evita los extremos emocionales o intelectuales al enfrentarse a ciertas situaciones. Sin embargo, esta idea no ha alcanzado la robustez general de la connotación oriental de un ‘centro vital’. Seguimos considerando la mente y el cuerpo como entidades distintas. De nuevo, se considera que el cerebro es el más importante, el que más asociamos con nuestro ‘yo’. Arthur Koesder ha denominado de forma ingeniosa y poética a este concepto omnipresente ‘el fantasma en la máquina’. Si bien es evidente que la cultura occidental ha comenzado a tener dificultades con sus propios conceptos organizativos, las ideas orientales de salud, enfermedad y equilibrio no muestran tal dualidad.
En el pensamiento y la medicina orientales, la salud es la condición sine qua non, el primer principio sin el cual la enfermedad misma no puede definirse. La enfermedad es un estado de ‘desequilibrio’ y una aberración de la armonía de la vida. A partir de esta definición primaria de salud, los teóricos orientales han construido una medicina homeostática que busca restaurar la armonía cuando esta se pierde por influencias internas o externas. Para los practicantes de la medicina oriental, la salud es el funcionamiento normal y natural del cuerpo y el objetivo del tratamiento ideal. Dentro de la idea de salud se encuentran los conceptos de resistencia natural a las enfermedades y un poder curativo inherente. Ayudar a restaurar el funcionamiento armonioso significa propiciar el estado en el que la curación pueda ocurrir de manera óptima. Este es el objetivo principal del practicante de la medicina oriental y la razón central por la que esta disciplina ha llegado a incluir una gama tan amplia de prácticas: ejercicio, dieta, meditación y los pequeños detalles de la vida diaria que contribuyen a la salud.
Extraido, traducido e interpretado desde Hara Diagnosis: Reflections of the Sea, de Kiiko Matsumoto & Stephen Birch.