16/10/2017
RANT DOMINGUERO
¿Y si usamos las redes sociales para socializar?
A raíz de un par de sesiones con una paciente que ya tiene varios meses acudiendo a mi consulta, surgió un pequeño pero interesante debate sobre el uso de las redes sociales.
Es muy común que la gente me pregunte mi opinión como psicólogo sobre los beneficios o perjuicios de la moda de este tipo de comunicación, a lo que casi siempre respondo lo mismo que en la mayoría de las consultas casuales (y generales) que me hacen: depende del caso. Pero la situación particular que surgió en esas sesiones me llevó a tratar de generalizar la reflexión sobre las famosas redes.
Obviamente no voy a revelar la situación específica de la paciente, baste con decir que es una mujer soltera de treinta y tantos que me hablaba sobre su dificultad para conocer nuevas amistades que además puedan derivar en una relación de pareja. Al surgir la opción del uso de redes como una herramienta para ese fin, me di cuenta que tenemos muchos prejuicios ya muy rígidos (a pesar de lo relativamente nueva que es esta costumbre), y que estos prejuicios entorpecen lo que originalmente fue concebido como una excelente herramienta social.
Sin duda, uno de esos prejuicios es la “etiqueta” que otorgamos a quien usa esta forma de comunicación para conocer gente nueva (y más si quien la usa es mujer): si tiene iniciativa entonces está buscando s**o casual. Esto hace comprensible la postura pasiva y temerosa de quien dice “quisiera hacer contacto con Fulano o Mengano pero no puedo porque pensará que estoy ‘urgida’”; pero no deja de ser lamentable. ¿Por qué se reprueba el querer ampliar un círculo social? ¿Por qué se asume que el tener iniciativa para conocer gente es sinónimo de deseo carnal? Y ya de una vez: ¿por qué es malo hacer algo para satisfacer ese deseo?
Pienso que estas preguntas no deberían existir, primero porque son prejuiciosas, y segundo porque si fuéramos más congruentes las evitaríamos felizmente. ¿A qué congruencia me refiero? A que Facebook, Instagram, Twitter, etcétera… Incluso las aplicaciones que sí fueron diseñadas específicamente para buscar pareja, deberían ser solamente el punto inicial de un proceso; el puente que únicamente conecta a dos o más personas, pero no el medio por el cual esas personas verdaderamente se conocen.
Supongamos que una mujer invita a cenar a un hombre (o un hombre a una mujer, o una mujer a otra mujer, o dos muj… ya entendieron, ¿no?); teniendo cierta confianza ya que ese hombre es amigo de sus amigos en esa red social, y no un perfecto desconocido y potencial peligro. Y supongamos que ese hombre no asume que la mujer está desesperada y es una indecente. Supongamos que no asumen absolutamente nada más allá de que ella quiere conocerlo y él accede a hacer lo mismo. Y supongamos que se conocen y entonces expresan de manera sincera su situación y sus intenciones. Supongamos.