03/02/2018
¡Y llegó el momento de jugar en equipo! Un partido, una actividad… nuestros peques se divierten hasta que llega el final. Pero mientras que unos han ganado, los otros han perdido.
Afrontar la derrota puede ser una de las lecciones más duras que han de aprender nuestros peques, lidiar con la frustración de un esfuerzo no recompensado con la victoria puede ser sinónimo de enfado y tristeza. Los peques aún no tienen la madurez emocional necesaria para controlar estos sentimientos y emociones, y es nuestra labor enseñarles el camino.
Querer ganar y saber perder.
Lo primero será aprender a perder, asumiendo el fracaso como algo ocasional y plausible, entendiendo que es solo una fase por el que cada uno tiene que pasar hasta llegar al éxito. Unas veces se gana y otras, simplemente, se pierde.
Tan importante es que sepan perder, que eso les ayudará a tolerar la frustración, a seguir esforzándose y a lograr con valentía y tesón sus objetivos.
Porque perder ayuda a darse cuenta de los errores, buscar alternativas y consolidarse como persona.
Lo segundo será valorar lo positivo que es jugar en equipo. La emoción reside en compartir, sentir la cohesión del grupo, la experiencia cooperativa de lograr un fin común y divertido, transmitiendo a nuestros peques los verdaderos valores del juego en equipo.
Por último, ganen o pierdan, no debemos olvidar la tercera lección: el valor del esfuerzo. En nuestra mano está valorar los esfuerzos que realizan nuestros peques, que vean que su trabajo es valorado y reconocer el mérito que tienen. Porque la mayor victoria es de aquel que se esfuerza y mejora día a día.