03/09/2020
Un samurái mexicano. La Revolución Mexicana, fue una guerra muy larga, brutal y excesivamente violenta.
Considerada la guerra más terrible de la historia del continente americano, asoló un país durante más de 10 años, y sus batallas fueron incontables.
Se considera que más de dos millones de personas murieron, pero el número exacto, se desconoce.
La revolución oculta episodios racistas con varios crímenes contra poblaciones de inmigrantes europeos y asiáticos.
Pese a la persecución que se hizo de las comunidades orientales, hubo héroes anónimos, que lucharon por su existencia y otros más, se enrolaron en las filas de la guerra entregando su vida a la nación Mexicana que habían adoptado
Kingo Nonaka nació en Japón en la Prefectura de Fukuoka, Kyūshū, en 1889, en el seno de una familia descendiente de samuráis. Cuando tenía 17 años su familia emigro a México. En Oaxaca, trabajó en una plantación de café.
Inquieto por conocer los Estados unidos de América del Norte, decidió embarcarse a la aventura, y partir a conocer este país, Nonaka estuvo tres meses en Estados Unidos. De regreso se instaló en Chihuahua, y estando solo, una familia le dio hospedaje gratis. Esta familia lo adoptó y lo bautizó como cristiano. Estudió enfermería en un hospital local, donde obtuvo una licencia para trabajar.
Nonaka se integro a las fuerzas revolucionarias. Participó en 14 operaciones de combate durante la Revolución: dos con las fuerzas de Francisco I. Madero y 12 con la División del Norte comandada por Pancho Villa.Logró el rango de Capitán en el Batallón de Sanidad de la División del Norte.
En 1963, Adolfo López Mateos lo condecoró como Veterano de la revolución, sacándolo en gran parte del anonimato en el que estaba. Por su condición de oriental, casi fue borrado de la historia mexicana. En septiembre de 1967 le fue otorgada una Medalla al Mérito por su servicio por el Secretario de Defensa Marcelino García Barragán.
Finalmente se estableció en la ciudad de México, donde falleció por enfermedad en 1977..