05/01/2020
Buen día! !!
Un día vas a una tienda y ves un par de zapatos fabulosos, tan lindos, altos, brillantes, coloridos, tan diferentes y pides tu talla pero resulta que no hay.
Así que te pruebas otro número,
uno más pequeño. No es el tuyo pero quizá funcione. Te miras al espejo y ¡Wow¡ En realidad son los zapatos más bonitos que has tenido. Simplemente te encantan, te ves genial y además están en rebaja. Pero hay una sola cosa, te aprietan. No mucho, sólo un poco.
Aún así, decides llevarlos. No te aprietan tanto y te gustan demasiado, que pones en balanza los pros y contras y los compras.
El primer día los usas bien. Tus pies terminan un poco cansados pero los toleras. Los días siguientes te aprietan y ya duelen tus dedos, pero los amas así que sigues usándolos... ¡Simplemente te ves fabulosa!
Pasan los días y ya tienes ampollas, tus deditos apretados, ya ni puedes caminar bien, pero te gustan tanto que no quieres dejar de usarlos. Hasta que un buen día tus pies dicen “ya no más” y como el cuerpo es sabio (más que nosotros) tus pies se hinchan para que ya no puedas someterlos a la tortura de esos maravillosos zapatos.
Simplemente ya no te quedan, ya no hay manera de que te entren los zapatos. Lo intentas, los aflojas, encoges el pie, te los pones a medias y nada. Lloras, reniegas y nada. Esos zapatos nunca fueron de tu talla... y lo sabías. Quisiste creer que a lo mejor con el tiempo cambiarían de talla, se ajustarían a ti, se amoldarían a tus pies. Fingiste demasiado bien que no te apretaban, con la esperanza de que si no lo decías, ni pensabas en eso, desaparecería el dolor de tus pies.
Y llega un momento donde solo tienes dos opciones:
1. Aferrarte a esos zapatos que no te quedan, ni te quedaron nunca, aunque sólo los tengas porque son tan bonitos y te gustan tanto que les tienes mucho apego... Así que los guardas por si algún día te quedan (aun cuando sabes bien que tu pie no va a encoger por arte de magia, ¿cierto?) pero piensas y concluyes que aunque te lastimen un poquito, o mucho... siempre podrás ponerte un curita o fingir que no te duele.
2. Dejarlos ir. Les agradeces haber sido unos zapatos tan lindos para tí, que te hicieron lucir fabulosa y los tiras o los regalas. No te quedaron nunca, nunca te quedarán y es hora de aceptarlo.
El dolor de tus piecitos te enseñó que debes siempre comprar de tu talla y no otra. Aprendiste que si te duele, debes curar y sanar tu ampolla, y dejar de hacer eso que te lastima o te produce ampollas.
Igual es el amor, cómo los zapatos.
Si te aprieta o no te queda, te produce dolor, te lastima o te daña, por más lindo que parezca y por más que intentes fingir que no duele y que no lastima... simplemente no es para ti.
¡Suelta y Vive!
(Tomado de: Psicologia/Psicoterapeuta)