26/05/2026
Hace años conocí a un hombre que había crecido sin apenas recursos. Sin contactos, sin esa red de seguridad que hace más fácil la vida. Pero tenía algo que no se compra: determinación. Y a base de esfuerzo, comenzó a prosperar hasta alcanzar una situación económica muy favorable.
Como era una persona generosa, quiso compartirlo con sus amigos de siempre. Sin embargo, estos amigos empezaron a criticarle diciéndole que se notaba claramente cómo le gustaba sentirse superior a ellos. Aquello le dolió mucho, ya que lo único que él pretendía era ayudarles.
Con el tiempo la incomodidad fue creciendo y para volver a sentirse incluido en su grupo, se fue auto saboteando de forma inconsciente, hasta que perdió todo lo que había ganado con tanto esfuerzo.
Cuando por fin lo entendió, tomó una decisión muy importante. Dejar a sus antiguos amigos y rodearse de personas que ya vivían lo que él quería volver a construir. Lo hizo porque comprendió algo fundamental:
El entorno en el que estamos afecta nuestra vida mucho más de lo que imaginamos. De hecho es una de las fuerzas que más silenciosamente nos moldea.
Esto no consiste en alejarse de quienes queremos. Consiste en ser más conscientes de que las personas con las que pasamos nuestro tiempo nos influyen de una manera muy poderosa. Sus hábitos, su forma de ver el mundo, su energía — todo eso nos afecta, poco a poco, sin que muchas veces seamos conscientes de ello.
Y la buena noticia es que esa influencia también puede ser un regalo. Cuando te rodeas de personas que ya viven con la calma, la ilusión o la determinación que tú buscas, algo en ti puede empezar a despertar.
¿Hay alguien en tu vida cuya forma de ser te inspira y con quien valdría la pena pasar más tiempo?
Dr Mario Alonso Puig