05/08/2026
Hablemos de comparentalidad aparente:
El problema no es salir juntos al parque o comer en familia; el problema es para qué se hace y desde dónde se hace.
Cuando todavía hay posesividad, reclamos disfrazados, competencia o se utiliza al niño como intermediario ("dile a tu papá...", "pregúntale a tu mamá..."), el niño empieza a ocupar un lugar que no le corresponde.
En psicología familiar esto se relaciona con fenómenos como la triangulación, donde el hijo queda involucrado en conflictos que pertenecen a los adultos.
Las consecuencias pueden ser que el niño:
* Se sienta responsable del bienestar de sus padres.
* Se vuelva muy vigilante del estado emocional de ambos.
* Evite expresar afecto hacia uno cuando está con el otro por miedo a herirlo.
*Desarrolle culpa por disfrutar el tiempo con cualquiera de los dos.
* Intente mediar o "hacer que se lleven bien".
Algo interesante es que los niños suelen preferir una realidad clara a una realidad confusa.
Es decir, suele ser menos estresante comprender: "Mis papás ya no son pareja, pero se respetan", que vivir pensando: "A veces parecen pareja, a veces enemigos; no sé qué está pasando."
El duelo no tiene que estar completamente resuelto para que exista una buena coparentalidad.
Es normal que durante los primeros meses aparezcan molestias o desencuentros. Lo importante es que esos conflictos no invadan constantemente el espacio del niño y que, con el tiempo, disminuyan en intensidad en lugar de mantenerse igual o aumentar.
Desde un enfoque psicodinámico, diría que cuando una expareja intenta sostener una convivencia muy cercana sin haber elaborado la pérdida, muchas veces esa convivencia se convierte en una forma de no aceptar completamente la separación.
La relación de pareja termina, pero el vínculo emocional conflictivo permanece. En ese sentido, no es raro que reaparezcan celos, intentos de control o conductas posesivas, porque el duelo todavía está en proceso.
Por eso, paradójicamente, a veces poner más distancia entre los adultos durante un tiempo protege más al niño que intentar recrear una convivencia familiar que aún no es emocionalmente posible.
Un niño no necesita ver a sus padres juntos todo el tiempo; necesita ver que, estén juntos o separados, puede contar con dos adultos capaces de ejercer su rol parental sin colocarlo en medio de sus asuntos de pareja.
Esa suele ser una base mucho más estable para su desarrollo emocional.