Potencial Mindfulness

Potencial Mindfulness "La vida te irá poniendo en aquellos sitios donde podrás pulir tu SER y abrillantar tu esencia"
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22 años de Facilitar sentido de vida

16/06/2026

Eres la suma de los seres humanos que ayudas a brillar

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07/06/2026

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¿Qué aprendería sobre acompañar si confiara un poco más en los procesos y un poco menos en mis explicaciones

24/05/2026

"No disecciones mariposas para luego presumir que conoces el vuelo.” (Prabhuji)

Byung-Chul Han, filósofo coreano-alemán, ha dedicado gran parte de su obra a explorar cómo el exceso de ruido, estímulo ...
21/05/2026

Byung-Chul Han, filósofo coreano-alemán, ha dedicado gran parte de su obra a explorar cómo el exceso de ruido, estímulo y productividad nos aleja de la contemplación y la presencia. Y justamente este podcast parece dialogar con esa misma idea:

👉 “Dios no murió. Perdimos la quietud que hacía posible escucharlo.”

Más que un tema religioso, es una reflexión sobre atención, silencio y la dificultad contemporánea para realmente percibir.

Regálate 20 minutos hoy antes de dormir... Puedes ver este popdcast aquí: https://www.youtube.com/watch?v=AqON8Pke4Dw

Nos vemos muy pronto Monterrey
16/05/2026

Nos vemos muy pronto Monterrey




Y para ello qué mejor que el taller de sanación de niño interior cita con el destino, proximamente 13 y 14 de junio. Un ...
15/05/2026

Y para ello qué mejor que el taller de sanación de niño interior cita con el destino, proximamente 13 y 14 de junio. Un grandioso regalo que podrías brindarte para hacer un limpieza de distoriones como la del post

Muy buena reflexión...No se cansa maestro, de luchar contra la estupidez humana?Pregunta de Fabian RoizRespuesta de Prab...
13/05/2026

Muy buena reflexión...

No se cansa maestro, de luchar contra la estupidez humana?

Pregunta de Fabian Roiz

Respuesta de Prabhuji:

No amigo, uno no se cansa porque en realidad no se lucha directamente contra ella. El momento que comienzas a luchar contra la estupidez humana, ya te has vuelto parte de ella. A la necedad le fascina la batalla porque se alimenta de oposición, engorda con argumentos, se perfuma con ideologías y sale a la calle orgullosa diciendo: “¡Miren, tengo razón!”
Y no creas que la imbecilidad es falta de inteligencia, porque a veces posee doctorado, corbata, púlpito, bandera, libro sagrado bajo el brazo. Hannah Arendt vio algo terrible en esto: el mal puede volverse banal cuando el pensamiento se duerme. No hace falta un monstruo; basta un funcionario obediente, una mente que repite consignas, una conciencia que renunció a examinar lo que hace. La estupidez más peligrosa no siempre grita; a veces firma documentos, dicta sentencias, predica sermones y habla con impecable gramática.
Por su parte, el sabio no lucha, sino que solo enciende una lámpara, nada más, y la oscuridad, en lugar de sentirse ofendida, simplemente desaparece. No es necesario tratar de golpearla con un palo o dispararle con una escopeta. Imagínate a un hombre entrando en una habitación oscura con una espada, gritando: “¡Oscuridad, sal de aquí!”. Me parece que, si pudiera, la oscuridad se reiría a carcajadas. Basta con una llama pequeña, un fósforo diminuto, para que la oscuridad que parecía tan amplia ya no esté. Porque la estupidez humana no es una sustancia, sino ausencia de conciencia. No te aconsejo odiarla, porque en el momento en que la odias te contaminas; si la desprecias, te haces arrogante y soberbio, y si quieres corregir a otros, te vuelves reformador profesional, una de las patologías más respetables del manicomio humano. Spinoza enseñó que no se comprende nada mientras se odia. Odiar es seguir esclavizado por aquello que se rechaza. La verdadera libertad empieza cuando una pasión deja de arrastrarnos y se convierte en objeto de comprensión. Por eso, comprender la estupidez no significa justificarla; significa impedir que entre en nosotros bajo la forma refinada del resentimiento.
Mira, la trampa es creer que la estupidez humana está solo allá afuera, únicamente en los otros, en los demás. El ego siempre dirá: “Los estúpidos son ellos”. Y en ese instante ha nacido el estúpido mayor: el que cree que está libre de estupidez. Todos sabemos que, en nuestra sociedad, los estúpidos son mayoría. Sin embargo, ninguno de nosotros ha tenido el placer de que alguno se presente como tal, reconociendo su propia estupidez. Al contrario: aunque sabemos que los id**tas son mayoría, todos nos consideramos parte de esa minoría lúcida.
La verdadera revolución comienza cuando uno es capaz de reírse de su propia tontería. Porque entonces hay esperanza, porque quien puede permitirse aceptar que ha sido id**ta ya deja de ser completamente id**ta. Quien así actúa ha abierto una pequeña ventana por la cual comienza a entrar aire fresco.
¿Cansancio? Bueno, la verdad es que, aunque el cuerpo y la mente se cansen mucho, la consciencia no se agota porque, en lugar de empujar el río, fluye con él. La consciencia no se esfuerza por convertir piedras en rosas, sino que solo ofrece sol, tierra, lluvia, espacio. Algunas semillas despiertan, mientras que otras continúan durmiendo; la existencia no tiene apuro, los únicos con prisa son los políticos, los neuróticos y los promotores de creencias.
El deseo de salvar a la humanidad puede ser una forma egoica sumamente sutil. Los salvadores del mundo son los que más le han dañado, la humanidad ya ha sufrido bastante de sus salvadores.
Mejor sentarse en silencio, amar a alguien sin poseerlo, decir una verdad sin violencia, reír sin motivo, meditar sin esperar recompensa y créeme que ese perfume puede viajar mucho más lejos que mil discursos.
Nunca luches contra la estupidez humana, amigo. Sé tan consciente que tu propia presencia sea una pregunta incómoda, sé tan vivo que los respetables mu***os se sientan perturbados. Vive tan libre que tu libertad haga que las jaulas comiencen a sospechar de sí mismas.
Y cuando te encuentres frente a la estupidez personalizada, sonríe y observa con compasión, porque quizás detrás, quizás solo encuentres un niño asustado usando una pesada armadura. Quizás solo encuentres a alguien que nunca fue amado. Y quizás solo te encuentres a ti mismo allí, solo que con otra máscara.
Entonces no hay cansancio, porque a veces, amigo, hasta la estupidez tiene su provecho como el barro del que puede nacer el loto. Sin barro no habría loto, sin noche ni siquiera una estrella, y sin una humanidad dormida, ¿dónde podría florecer el despertar?

“Prabhuji, ¿puedes aconsejarme como puedo diferenciar entre "falsos maestros" y un Maestro iluminado verdadero? ¿hay alg...
29/04/2026

“Prabhuji, ¿puedes aconsejarme como puedo diferenciar entre "falsos maestros" y un Maestro iluminado verdadero? ¿hay alguna manera de distinguir entre uno y otro?”

Pregunta de Claudia Jofre

Respuesta de Prabhuji:

Hay una manera, pero debemos ser cuidadosos, porque frecuentemente la mente desea una regla barata, una linterna de bolsillo, y la vida no es una oficina de pasaportes o cédulas de identidad espirituales.
Uno de los primeros engaños consiste en la búsqueda del “Maestro perfecto” sin mirarnos a nosotros mismos y comprobar si el discipulado ha nacido en nosotros. Hace muchos años escuché la historia de un hombre que buscó durante más de cuarenta años al Maestro perfecto, y cuando finalmente lo halló, el Maestro lo rechaza, porque el Maestro perfecto solo acepta discípulos perfectos. Por supuesto, esto no significa que debas volverte perfecto, una palabra que suena horrible en labios egoicos, sino sino disponible, vulnerable, sincero y honesto, capaz de aprender. Mientras que el falso maestro nutre tus sueños, el verdadero te despierta, aunque el despertar no es siempre agradable.
El maestro impostor te otorga identidad, te define diciéndote que “eres especial, eres elegido, estás por encima de los demás o por sobre otros”. Por su parte, el Maestro genuino te despoja de tus medallas de hojalata, dejándote más simple, desnudo, mucho más humano y curiosamente libre. En esto se acerca a la severa ternura de Diógenes, que desconfiaba de toda grandeza prestada y prefería la intemperie de lo real a los honores de la apariencia.
No prestes atención solo a lo que dice, sino a lo que su presencia te produce. Si notas que desarrollas dependencia, temor, fanatismo y que te vas cerrando, puede ser que sea un perfume artificial que procede de una botella, no de una flor. Pero si te percibes más consciente, más amoroso, responsable, si disfrutas en soledad, si eres capaz de reírte de ti mismo, es posible que algo real esté tocando a tu puerta.
Un maestro falso busca seguidores, colecciona convencidos, necesita asistentes a sus retiros, cursos, conferencias, clases o satsangs. Mientras que el auténtico Maestro no necesita absolutamente nada de ti, puede amarte, sacudirte, hablarte o quizás permanecer en silencio, pero puedes estar seguro de que nunca te usará para agrandar su imagen.
El maestro falso construye una prisión y la denomina “comunidad”, mientras que el verdadero crea un espacio que llama libertad.
El verdadero Maestro no trata de atontarte o hipnotizarte con respuestas, sino que te devuelve a tu propia mirada original. No insinúa que apagues tu inteligencia; muy por el contrario, te solicita agudizar tu inteligencia, volviendo a tu inocencia.
Un Maestro despierto genuino no demanda creencia, solo apela a tu razón, y luego la entrega aparece como una consecuencia natural, no como obediencia infantil, sino como madurez espiritual.
Sospecha siempre que se te solicite creer antes de experimentar, donde se castigue la duda o la sospecha, donde el amor se mezcla con miedo o culpa.
Sin embargo, ten mucho cuidado de no caer en la enfermedad opuesta, convirtiéndote en inspector espiritual. Porque hay quienes se pasan toda su vida examinando y comparando maestros sin examinarse jamás a sí mismas. Porque generalmente hablamos y criticamos la labor de los Maestros, pero raramente se habla del tema de los discípulos. Obviamente que hay pseudo-gurus abusadores, aprovechadores y oportunistas. Por supuesto que ha habido y hay maestros narcisistas. Pero ¿acaso no existirá también algún pseudo-discípulo con al menos alguna de dichas características? ¿Es imposible que se dé el fenómeno de un discípulo narcisista?
No te aconsejo buscar un Maestro como quien desea adquirir una joya o comprar un auto; te sugiero volverte sediento, porque la sed sí reconoce fácilmente el agua.
Los falsos maestros te prometen milagros, mientras que el verdadero te señala lo milagroso de lo ordinario: respirar, mirar, amar, sentarte en silencio a observar.
El pseudo maestro te convencerá que sin él estás perdido, el auténtico te hace ver que lo que buscas reside en ti como lo que realmente eres. Porque la consciencia es el fondo silencioso constante de toda experiencia. Mientras las experiencias mentales y emocionales mutan, mientras las sensaciones y percepciones cambian, la mirada que permanece es una brújula más confiable que cualquier espectáculo externo.
Si tu maestro no acepta preguntas sinceras, no es un verdadero Maestro; se trata de un político charlatán. Si precisa constante adulación y público, aún está hambriento; quien mendiga aplausos en la tierra no puede guiarte al cielo.
El auténtico Maestro despierto puede parecerte contradictorio, juguetón e incluso peligroso para tus certezas, pero, aunque desmonta tu fenómeno egoico, jamás rebaja tu dignidad. Aunque te quita tus fantasías e ilusiones, no te despoja de tu libertad. Rumi comprendió bien este fuego: el amor verdadero no adorna la cárcel, sino que consume sus barrotes.
En lugar de preguntarte solo si el Maestro es falso o verdadero, pregúntate lo que te sucede en su cercanía. ¿Crece tu temor o se amplía tu consciencia? ¿Crece tu dependencia o tu libertad?
Finalmente, el más serio de los criterios es el silencio; aproxímate y siéntate cerca de él y observa. Pero no observes tus fantasías o ilusiones; no me refiero a mirar tus ganas de pertenecer, tu hambre de un padre ni tu necesidad de sentirte salvo. Observa muy atentamente, porque la mayoría de los falsos maestros excitan tu mente, llenándote de palabras. El verdadero Maestro aquieta, silencia algo más profundo que la mente e incluso hablando te deja en silencio. Wittgenstein sabía que hay verdades ante las cuales el lenguaje debe inclinarse; porque, cuando algo es real, no siempre necesita explicación.
El Maestro iluminado no es alguien que te obsequia una jaula dorada, sino alguien que, con un ma****lo invisible y una sonrisa, hace pedazos tu celda, para luego desaparecer sin adueñarse de tu vida. Solo entonces, si eres un auténtico y genuino discípulo, si el verdadero y maduro discipulado ha nacido en ti, sabrás que no has encontrado a alguien para seguirlo ciegamente; has encontrado un fuego. Aproxímate, pero sin la paja seca de tu credulidad, sino con amor y con tus ojos muy abiertos.

तद्विद्धि प्रणिपातेन परिप्रश्नेन सेवया।
उपदेक्ष्यन्ति ते ज्ञानं ज्ञानिनस्तत्त्वदर्शिनः।।४.३४।।

tad viddhi praṇipātena
paripraśnena sevayā
upadekṣyanti te jñānaṁ
jñāninas tattva-darśinaḥ

“Conócelo mediante la reverencia, la indagación sincera y el servicio. Los sabios que han visto la verdad te impartirán ese conocimiento.”

Bhagavad Gītā 4:34

“Todos sabemos cuál es la autoridad de un doctor en teología o filosofía para referirse a Dios y La Verdad sin embargo q...
28/04/2026

“Todos sabemos cuál es la autoridad de un doctor en teología o filosofía para referirse a Dios y La Verdad sin embargo quisiera saber ¿cuál es la autoridad de un Maestro, por muy despierto o iluminado que este, para hablar de La Verdad?”

Pregunta de Claudio Alvarado

Respuesta de Prabhuji:

Tal y como todos sabemos, la autoridad de todo doctor en teología o filosofía viene de la institución, de la academia: títulos, bibliografía, tradición, método, estudios, exámenes, idiomas, linaje académico. Se trata de una autoridad prestada, aunque no por eso despreciable; sirve para hablar acerca de La Verdad, como un cartógrafo puede hablar de montañas que quizás nunca ha escalado.
La autoridad de un auténtico Maestro, y no la de un satsangista actor con túnica, no procede de un diploma o certificado espiritual colgado en la pared egoica. Su autoridad viene de su simple y sencilla desaparición como reclamante de autoridad.
Mientras el falso maestro dice “saber”, posando como autoridad, el verdadero Maestro no tiene interés en convencer a nadie. La Verdad no puede ni debe ser afirmada directamente de manera agresiva; solo puede ser indicada, sugerida, casi seducida hacia tu propia visión.
El auténtico Maestro no es un “poseedor” de la Verdad como el propietario de una casa o un auto; más bien, se ha vuelto una ventana que no exige que adores el vidrio y a través de la cual es posible mirar las estrellas. No se trata de una autoridad “sobre” otros, sino en una autoridad “desde” la experiencia directa. Un doctor puede decir: “según Tomás de Aquino… según Kant… según Nagarjuna…”. Un profesor de filosofía puede citar a Descartes o a Sartre, así como un teólogo puede citar versos del Corán, La Biblia o los Vedas. Obviamente, es sumamente útil, provechoso, valioso, beneficioso, pero, de una u otra manera, continúa siendo información o conocimiento mediado.
Por su parte, el Maestro despierto dice mucho más con su presencia que con sus palabras; su autoridad no reside en sus argumentos, sino en la fragancia. Una rosa perfuma en lugar de dar conferencias sobre botánica, pero si estás espiritualmente resfriado, llamarás impostora a la flor, aunque esta no se ofende. Pero mucho cuidado, amigo, porque con esto no pretendo decir que debas creer a todo aquel que se proclame iluminado.
Es imposible encontrar al Maestro genuino desde conclusiones prestadas; si te acercas repleto de ideas, solo buscarás una fiel copia de tus propias expectativas. Y entonces estarás en problemas, porque el Maestro real, en lugar de alimentar tus conclusiones, crea espacio destruyendo prejuicios; te devuelve a la realidad y no a especulaciones acerca de lo real.
La autoridad del Maestro no se acepta como dogma, sino que debe ser probada en la consciencia, no como se prueba un teorema, sino como se prueba el agua, bebiendo.
Ningún Maestro tiene la autoridad de reemplazar tu mirada, sino solo para despertar tu visión. La autoridad del Maestro es similar a la del fuego cuando se trata del calor; no precisa un doctorado en combustión, simplemente arde.
No obstante, incluso esto debe ser expresado humildemente, porque la Verdad no es propiedad de ningún Maestro ni de nadie. El verdadero Maestro no habla jamás de “mi Verdad”, porque sus palabras brotan desde una desnudez desde la cual todo “mi” se ha evaporado.
El Maestro carece de autoridad para imponernos la Verdad; su autoridad consiste en invitarte a verificarla en ti mismo, por ti y desde ti.
Un doctor en teología puede darte un mapa, el profesor de filosofía es capaz de afilar tu inteligencia, el Maestro, si es verdadero, te empuja al precipicio de la experiencia directa e inmediata. Y allí ni siquiera el Maestro puede dar el salto en tu lugar.
Finalmente, amigo, la única autoridad final es tu propia conciencia despierta.
El Maestro genuino es solo un simple reloj despertador; si cuando suena despiertas, bendito reloj, pero si en lugar de despertar empiezas a adorar el reloj despertador, preferible que alguien lo tire a la basura.

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