04/06/2026
“La paradoja de la integración: muchas veces, solo empieza a cambiar aquello que primero podemos mirar con aceptación.”
Muchas personas llegan a terapia queriendo que ciertas sensaciones desaparezcan: el miedo, la tensión, el vacío, la necesidad de complacer, o la sensación constante de estar “en alerta”.
Y es natural. Cuando algo duele, queremos alejarnos de eso.
Pero con el tiempo, muchas personas descubren algo importante:
Mientras más peleamos contra una emoción o una reacción, más espacio parece ocupar dentro de nosotros.
Aceptar no significa resignarse. Tampoco significa justificar lo que nos lastimó.
Aceptar significa poder decir: “Esto está aquí.” “Esto existe en mí.” “Y quizá esta reacción ha intentado protegerme de algo.”
Hay algo profundamente regulador en dejar de tratarnos como enemigos internos.
Porque cuando disminuye la guerra contra nosotros mismos, el sistema deja de gastar tanta energía sobreviviendo.
Y poco a poco… aparece más espacio para respirar, elegir y habitar el presente con mayor conciencia.
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