Psita

Psita Brindamos servicios de Terapia individual y de pareja, acompañamiento tanatológico individual, grupal y más. La atención es presencial y por videollamada

05/06/2026
04/06/2026

Cómo se vive la violencia y cosas peores una niña

30/05/2026

Hay felicidades que solo quienes trabajamos escuchando, sosteniendo y acompañando procesos podemos entender. 🤍🧠
Como cuando un paciente recuerda una frase que le dijiste hace meses…
cuando un adolescente por fin se abre un poquito más…
o cuando ves avances pequeños que para alguien significan volver a respirar. ✨
Ser psicólogo también es aprender a encontrar alegría en esos momentos silenciosos que casi nadie nota… pero que para nosotros lo significan todo. ☕🌱

Psicdanielaramos 🥰🫶🏽

26/05/2026

Hace años una paciente escribió este poema como parte del proceso de recuperación de su trauma complejo. Tengo su permiso de compartirlo contigo.
SI ME HUBIERAS VISTO

“Si me hubieras visto,
no habría tenido que pedirle permiso al mundo para existir.
Pero no sentí tu mirada acompañante.
En lugar de un faro, encontré un abismo de distracción, de silencio y de juicio.
Y ante tu ausencia, el mundo se me volvió inmenso, hostil y peligroso.
Una niña que no es vista por sus padres,
se siente transparente ante la vida,
desprotegida ante la tormenta.

Para sobrevivir a esa intemperie emocional, tuve que volverme arquitecta de mi propia seguridad.
Diseñé estrategias, construí murallas, inventé máscaras:
Me volví perfecta para que no pudieras criticarme.
Me volví invisible para que no pudieras dañarme.
Me volví el cuidadora de todos, esperando que alguien, por error, me mirara a mí.
Pasé mi infancia entera descifrando tus estados de ánimo, patrullando tus silencios, intentando adivinar qué versión de mí te incomodaba menos.
Gasté toda mi energía en manejar mi inseguridad, cuando mi único trabajo debió haber sido, simplemente, crecer y Ser.

Y lo más doloroso de "La historia que nunca debió haber sido",
es darme cuenta de que el rompecabezas era muy sencillo.
No te pedía que fueras perfecto, ni que me dieras el mundo.
Solo tenías que verme.
Solo tenías que sostener la mirada y decirme, sin palabras, que mi existencia era importante para ti.

Hoy, mi cuerpo de adulto todavía tiembla cuando alguien me mira de frente. Pero he decidido romper el ciclo. Ya no busco tus ojos en el pasado, ni la aprobación de los demás en el presente. Hoy bajo la mirada hacia mi propio pecho, abrazo a esa infancia que dejaste a oscuras y me digo: "Yo sí te veo. Estás a salvo. Ya puedes dejar de esconderte".

Hermosa manera de describir su proceso de reencontrarse, entendiendo el origen de su dolor y responsabilizarse de su reconstrucción
Si te identificas con estas palabras escribe: “Yo sí me veo” en los comentarios.

23/05/2026

21/05/2026

Hay personas que pasan años cuidando a sus padres mayores en silencio.
Aprenden nombres de medicamentos que nunca imaginaron conocer, reorganizan horarios, duermen distinto, hacen llamadas médicas, acompañan consultas, hospitalizaciones y noches difíciles.
Empiezan a vivir atentos a síntomas, caídas, resultados y emergencias.
Y aunque muchas veces lo hacen desde el amor, la responsabilidad o el deseo genuino de acompañar, pocas veces hablamos del impacto humano que tiene cuidar durante tanto tiempo.
Porque el cuidado no suele ser visible.
Ocurre en espacios íntimos, en una habitación, en una sala de espera, en una madrugada, en pequeños gestos cotidianos que sostienen la vida de alguien más.
Quizá por eso, cuando ese padre o esa madre muere, el duelo puede sentirse tan desorganizador.
Porque no solo desaparece una persona amada, también desaparece una rutina emocional.
Un rol, una forma de habitar el tiempo, una presencia cotidiana alrededor de la cual muchas veces organizamos nuestra vida durante años.
Y creo que ahí hay algo importante que necesitamos empezar a nombrar mejor como sociedad, el cuidado tiene valor humano.
No solo porque “toca” hacerlo, no solo porque exista un vínculo familiar.
Sino porque acompañar la fragilidad de otro ser humano hasta el final es una de las experiencias más íntimas y profundamente humanas que existen.
La antropóloga Margaret Mead decía que uno de los primeros signos de civilización fue el hallazgo de un fémur humano roto y sanado.
Porque en el reino animal, una fractura así suele significar la muerte. Un ser herido no podría escapar, cazar ni sobrevivir solo.
Pero un hueso sanado hablaba de otra cosa, alguien se quedó, alguien acompañó, alguien ayudó a otro ser humano a sobrevivir.
Y quizá seguimos siendo humanos precisamente por eso, porque todavía somos capaces de sostenernos unos a otros en momentos de fragilidad.
Por eso creo que también es importante recuperar palabras para hablar del cuidado.
Reconocerlo, dignificarlo y entender que ninguna persona sostiene sola la vida.

Cuidar no solo sostiene cuerpos. También sostiene humanidad.

Ele Sipan

21/05/2026
21/05/2026

🟡🔴 ¿Has identificado señales de violencia en tu entorno familiar? La violencia también se mide: chantajes, amenazas, control, golpes o agresiones no deben normalizarse.
El te recuerda: pide ayuda, no estás sola.

19/05/2026

Cicatrices Invisibles: El trauma del que no dejó marcas en la piel
Cuando pensamos en el trauma infantil, la mente suele irse a los golpes, al maltrato físico o a las escenas de violencia explícita. Por eso, si tu infancia estuvo llena de gritos, insultos, burlas o humillaciones sutiles, es muy probable que hoy vivas con una culpa constante. Te repites: "A mí no me pegaban, no tengo derecho a estar tan roto".
Es hora de romper ese mito: Las palabras destructivas cambian la estructura de un cerebro infantil con la misma fuerza que un golpe.
El abuso verbal no deja moretones morados en los brazos, pero deja desgarros profundos en el alma y en el sistema nervioso. Un niño no tiene filtros cognitivos para defenderse; si las personas que representan su única fuente de seguridad le dicen que es "tonto", "una carga", "un estorbo" o que "no sirve para nada", el niño no cuestiona al adulto: se cuestiona a sí mismo.

mismo.
La arquitectura del daño verbal:
En el trauma complejo por abuso verbal, la violencia se esconde en dinámicas cotidianas:
El sarcasmo y la burla cruel: "Era solo un chiste, qué aguantado eres". Aprendiste que tus sentimientos no eran válidos y que expresar dolor te convertía en el blanco de más burlas.
Los gritos como ambiente: Crecer en una casa donde el volumen siempre estaba al máximo enseñó a tu amígdala a vivir en un estado de pánico y alerta permanente, esperando el siguiente impacto emocional.
Las comparaciones humillantes: El recordatorio constante de que otros eran mejores, más limpios o más inteligentes, sembrando la semilla de la insuficiencia crónica.

Darle voz al dolor invisible es el principio de la libertad. ¿Creciste en un hogar donde las palabras eran armas? Escribe 'Mi dolor es válido' en los comentarios para empezar a desmantelar la culpa por sentirte así . 👇

16/05/2026

Lo más sencillo es siempre lo mejor. Hay personas que les da miedo la palabra muerte, pero es parte de la vida

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