26/08/2026
Casi siempre uno ve venir el desastre con tiempo de sobra. La relación que ya no da más, la decisión que se sabe equivocada, la señal repetida que todos notan menos el que está adentro. Y aun así, se sigue caminando derecho hacia eso, como si verlo llegar no cambiara nada.
No es ceguera. Es que detenerse a tiempo exige admitir algo más doloroso que el final mismo: que uno se equivocó antes, que sostuvo algo que ya no tenía sentido, que todos lo notaron y uno prefirió no mirar. Evitar el final significaría reconocer el error mientras todavía duele reconocerlo. Y eso, casi siempre, asusta más que el desastre en sí.
García Márquez no habla de fatalidad. Habla de una cobardía silenciosa, disfrazada de esperanza, de "a lo mejor cambia", de "todavía no es tan grave". El final trágico no sorprende a nadie. Solo llega en el momento en que ya no se puede seguir fingiendo que no se veía venir.
¿Qué final ya estás viendo venir, y sigues sin moverte para evitarlo?
Psic. Alejandro Pelayo