07/06/2026
No hay peor historia que la que se cuenta un ego herido.
El inconsciente es el cuidador de nuestra historia. Trabaja sin parar. No descansa. Registra todo. Asocia cada detalle. El ego es su mejor empleado. El encargado de crear una coraza para protegernos de aquello que el inconsciente le hizo saber peligroso. El guardián de nuestro relato. Quien intentando asegurar nuestra supervivencia será capaz de postergar la expresión de nuestra diferencia. Inhibir el salto creativo y la evolución de nuestra alma. El movimiento que nos lleve fuera del surco para, en contacto con lo incierto, experimentar un amor real donde transformarnos y madurar estén incluidos en la trama.
Como acompañante y con el fin de echar luz para abrir significado, a veces toca desconfiar un poquito del discurso que el consultante trae. Sobre todo de esas partes en las que parece no caber ni una pregunta que dispare la duda o agriete el relato. Los deseos que dice estar seguro tener y las definiciones rígidas de sí mismo que cree ser. Y es que en consulta y en presencia del código natal es evidente que estamos fragmentados. Desde dónde hablamos y para qué decimos lo que decimos. Que negamos parte de nuestra energía y para qué necesitamos contarnos las historias del modo en que nos las estamos contando. El miedo que tenemos de desestabilizar aquello que aún siendo inseguro lo sentimos seguro y todo lo que no habiendo podido ser integrado, lo vivimos proyectado.
Madurar también es atreverse a desarmar el relato y liberarse de la trama.