20/05/2026
“El niño que no cabía en la silla“
Había una vez un niño llamado Tomás que nunca estaba quieto.
Mientras los demás niños se sentaban derechos, Tomás balanceaba las piernas, tamborileaba con los dedos y soñaba con dragones mientras la maestra explicaba.
—“Tomás, quédate quieto” —le decían siempre.
Y Tomás lo intentaba… de verdad que lo intentaba.
Pero su cuerpo parecía tener cosquillas por dentro.
Un día, la maestra pidió que dibujaran un árbol.
Los niños hicieron árboles normales: tronco marrón, hojas verdes.
Tomás dibujó un árbol con escaleras, casitas, columpios, y un dragón durmiendo en la copa.
—“Eso no es un árbol” —dijeron algunos.
Tomás bajó la cabeza.
Esa tarde, la maestra miró el dibujo con más calma…
y sonrió.
Al día siguiente llevó a la clase al patio y dijo:
—Hoy no habrá sillas. Hoy vamos a pensar con el cuerpo.
Tomás corrió, saltó, explicó ideas, inventó juegos.
Por primera vez, nadie le pidió que se quedara quieto.
La maestra entendió algo importante:
👉 Tomás no era inquieto…
👉 Era curioso. Creativo. Lleno de ideas.
Con el tiempo, Tomás creció.
Y ese niño que no cabía en la silla…
fue el adulto que cambió el mundo moviéndose.
✨ Moraleja:
No todos los niños nacieron para estar quietos.
Algunos nacieron para hacer que el mundo se mueva