21/08/2026
Esa ducha. La primera después del nacimiento.
El agua cae y por primera vez tienes unos minutos para entender, o intentar entender, todo lo que acaba de pasar.
Tu cuerpo duele.
Te mueves despacio.
Hay sangre.
Hay cansancio.
Hay un cuerpo que reconoces y al mismo tiempo se siente completamente distinto.
Después de meses sintiendo a tu bebé dentro de ti, tu vientre está vacío. Y él está afuera.
Eso, por sí solo, es enorme.
Mientras el agua corre, empiezas a repasar momentos del nacimiento. Lo que sentiste. Lo que hiciste. Lo que no esperabas. Lo que todavía no alcanzas a procesar.
¿De verdad acaba de pasar?
¿De verdad mi bebé ya está aquí?
En unas horas cambió todo.
Puedes sentir alivio y miedo.
Fuerza y vulnerabilidad.
Agotamiento y una emoción difícil de explicar.
Todo al mismo tiempo.
Porque el nacimiento no termina cuando nace el bebé.
Hay una mujer que también necesita tiempo para mirar su cuerpo, reconocer lo vivido y comenzar a integrar que su vida acaba de cambiar.
Y a veces ese proceso empieza ahí.
En una ducha.
Con el agua corriendo sobre un cuerpo que acaba de hacer algo enorme y unos minutos de silencio para empezar a comprenderlo.
Esa ducha que tantas mujeres recuerdan para siempre.
¿Tú recuerdas la tuya?
Las leo,
Centro Mae
📸 Seattle Photographer