12/05/2026
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“No podía ni respirar.”
Así recuerda Alfonso del Corral los días posteriores a la muerte de su hijo Álvaro, un niño de apenas seis años que falleció en 1997 tras una parada cardíaca provocada por un grave accidente doméstico.
Y quien habla no es un hombre cualquiera.
Fue campeón con el Real Madrid de baloncesto.
Después se convirtió en médico y llegó a dirigir los servicios médicos del Real Madrid Club de Fútbol.
Había vivido rodeado de éxito, disciplina y reconocimiento.
Pero nada pudo prepararlo para el dolor de perder a un hijo.
Cuenta que aquella madrugada, destrozado por dentro, encontró una frase repetida tres veces en un mismo día:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
La leyó en la Biblia.
La vio en una iglesia.
Y después apareció escrita en un cuaderno de su pequeño Álvaro.
Entonces ocurrió algo que jamás olvidó.
“Experimenté una presencia”, confesó.
“No era imaginación. Era un soplo de esperanza.”
Desde ese momento comenzó una búsqueda que terminó llevándolo a Cristo.
Hoy, casi treinta años después, Alfonso asegura que la muerte de su hijo no desapareció de su corazón… pero sí cambió completamente su manera de vivir el dolor.
Aprendió que la fe no elimina la cruz.
La transforma.
Con profunda emoción, habla de la Virgen María, del Rosario, de la confesión y de la Eucaristía como refugios reales en medio de las noches más oscuras.
Incluso confesó que hubo momentos de combate espiritual tan fuertes que tuvo que rezar tres rosarios seguidos para recuperar la paz.
Y aun así, sonríe.
Porque está convencido de algo:
“La muerte no es el final.”
Qué impresionante es descubrir que, cuando todo parece destruido, Dios sigue entrando en silencio para sostener el alma.
A veces no llega quitando el dolor.
Llega abrazando al que ya no puede más.
Señor Jesús,
permanece cerca de quienes lloran la pérdida de un ser amado.
Y cuando el corazón se quede sin fuerzas, recuérdanos que Tú venciste la muerte. Amén.