13/06/2026
Hoy Sábado 13 de junio 2026 Día de San Antonio de Padua, mundialmente venerado para "Encontrar pareja".
Muchos le piden a San Antonio que les consiga pareja; pocos le piden la madurez necesaria para no arruinarla cuando aparezca.
EL ÚLTIMO ENGAÑO DEL DESARROLLO PERSONAL
Existe una fantasía de la que casi nadie habla.
Una fantasía que no aparece al inicio del camino terapéutico, sino después de muchos años de trabajo personal.
Aparece después de la terapia.
Después de las constelaciones familiares.
Después de los retiros espirituales.
Después de la Gestalt.
Después del eneagrama.
Después de la meditación.
Después de las barras de Access.
Después del tarot terapéutico.
Después de los registros akáshicos.
Después de las regresiones a vidas pasadas.
Después de trabajar con ángeles.
Después de los retiros con ayahuasca.
Después de las microdosis y macrodosis.
Después de los cursos, los libros, los talleres y las certificaciones.
Entonces surge una voz silenciosa que pocas personas reconocen:
"Ya trabajé mucho en mí."
"Ahora me toca."
Ahora me toca la pareja consciente.
Ahora me toca la abundancia.
Ahora me toca el reconocimiento.
Ahora me toca que la vida me devuelva todo lo que he invertido en sanar.
Y sin darte cuenta, conviertes el desarrollo personal en una negociación.
Como si la vida fuera un banco obligado a devolverte intereses emocionales.
Como si el universo hubiera firmado un contrato contigo.
Como si la terapia fuera una garantía de felicidad.
Pero la vida nunca hizo esa promesa y San Antonio, menos.
San Antonio no trae parejas; a veces ayuda a que encuentres el corazón con el que puedas reconocer una cuando llegue.
La terapia tampoco.
La espiritualidad tampoco.
Las constelaciones tampoco.
El trabajo personal no existe para que la realidad obedezca tus expectativas.
Existe para que puedas encontrarte con la realidad sin romperte cada vez que no coincide con ellas.
Y aquí aparece algo que suele ser incómodo mirar.
Muchas personas creen que están buscando una pareja.
Pero en el fondo siguen esperando una reparación.
Esperan que alguien llegue para compensar la ausencia de su padre.
Para llenar el vacío que dejó su madre.
Para devolverles lo que sintieron que no recibieron.
Para demostrarles que ahora sí son importantes.
Para hacer justicia por todas las heridas del pasado.
Entonces la pareja deja de ser pareja.
Y se convierte en terapeuta.
En madre.
En padre.
En salvador.
En redentor.
Ninguna relación puede sostener semejante peso.
Quizá San Antonio no está para conseguirte pareja, sino para recordarte que antes de encontrar amor, hay que estar disponible para recibirlo.
Por eso gran parte del verdadero trabajo terapéutico no consiste en encontrar una pareja mejor.
Consiste en reconciliarnos con nuestros padres.
Tomarlos tal como fueron.
No como debieron haber sido.
No como los seguimos esperando.
No como todavía reclamamos que fueran.
Sino como fueron.
Con sus luces y sus sombras.
Con sus recursos y sus limitaciones.
Con su historia.
Con sus heridas.
Con su manera imperfecta de amar.
Desde la mirada sistémica, la paz comienza cuando dejamos de discutir con la realidad de nuestro origen.
Cuando podemos decir:
"Mamá, papá, hubo cosas que dolieron."
"Hubo cosas que faltaron."
"Hubo cosas que jamás entendí."
"Pero tomo la vida que vino de ustedes."
"La tomo completa."
"Al precio que les costó."
"Y al precio que me ha costado."
"Y ahora hago algo bueno con ella."
Cuando este movimiento ocurre, algo profundo cambia.
La ansiedad disminuye.
La exigencia disminuye.
La sensación de deuda desaparece.
Ya no buscas una pareja para que repare tu historia.
Ya no buscas que alguien complete lo que quedó pendiente.
Ya no exiges que la vida te pague por todo el trabajo interior realizado.
Entonces descubres algo extraordinario.
La recompensa del trabajo personal nunca fue una pareja perfecta.
Nunca fue una vida sin conflictos.
Nunca fue la ausencia de dolor.
La verdadera recompensa es la paz.
La paz de dejar de pelear con lo que fue.
La paz de dejar de reclamar lo que faltó.
La paz de habitar plenamente la vida que ya recibiste.
Y desde ahí, paradójicamente, el amor deja de ser una necesidad desesperada y puede convertirse en lo que siempre estuvo destinado a ser:
Un encuentro entre dos adultos.
No dos huérfanos buscando reparación.
No dos niños buscando rescate.
No dos heridas intentando curarse mutuamente.
Sino dos seres humanos compartiendo el milagro imperfecto de estar vivos.
Álvaro Medina Chacón
Después de treinta años de terapia descubrí algo incómodo:
El universo nunca abrió una cuenta de recompensas por buen comportamiento.
Muchas felicidades a todos los Antonio, Antonia y Antonieta. Que San Antonio los colme de bendiciones y les regale un día maravilloso. Y si además concede alguna petición sentimental, tampoco vamos a discutir con el santo. 😏