20/05/2026
¡Qué envidiables resultan, para quienes tenemos poca fe, aquellos buscadores convencidos de la existencia de un Ser Supremo!
¡Cuán completas, exhaustivas y definitivas son las doctrinas de los creyentes en comparación con los laboriosos, insignificantes y fragmentarios intentos de explicación que, como máximo, logramos alcanzar!
Como si el mundo no tuviera ya suficientes enigmas, se nos plantea el nuevo problema de comprender cómo estas otras personas han podido adquirir su creencia en el Ser Divino y de dónde proviene esa creencia, cuyo inmenso poder supera a la razón y la ciencia.
Sigmund Freud, Moisés y el monoteísmo, 1939