02/04/2026
El abusador sexual infantil no se explica únicamente como alguien “perverso” en un sentido moral, sino como un sujeto cuya economía psíquica quedó fijada o desviada en momentos tempranos del desarrollo psicosexual.
1. Fijación y regresión a etapas infantiles.
Para Sigmund Freud, la sexualidad no comienza en la adultez, sino desde la infancia (sexualidad infantil).
El abusador puede estar fijado en etapas tempranas (oral, a**l o fálica) o experimentar una regresión hacia ellas.
El niño no es visto como un otro separado, sino como un objeto que “corresponde” a ese nivel de desarrollo.
Hay una especie de detención en la estructuración de la sexualidad adulta, lo que impide el acceso pleno a relaciones genitales maduras.
2. Perversión como estructura (no solo conducta).
En Freud, la perversión no es solo una práctica, sino una organización psíquica.
El abusador infantil suele ubicarse dentro de una lógica perversa donde el objeto (el niño) es utilizado para la satisfacción pulsional.
Se produce una desmentida de la realidad (Verleugnung): el sujeto sabe que el niño no consiente, pero simultáneamente lo niega psíquicamente.
El otro no es reconocido como sujeto, sino reducido a objeto de goce.
3. Relación con la castración.
Un punto central es la angustia de castración.
El niño, al no representar plenamente la diferencia sexual adulta, permite al abusador evitar el enfrentamiento con la castración.
En muchos casos, el niño funciona como un objeto que no amenaza la virilidad ni confronta la falta.
Esto implica que el acto no es solo sexual, sino una forma de defenderse de la angustia.
4. Repetición y compulsión.
Freud plantea la compulsión a la repetición:
El abusador puede estar repitiendo escenas inconscientes de su propia historia (no necesariamente abuso, pero sí experiencias de pasividad, intrusión o confusión).
El acto se convierte en una forma de intentar dominar algo que originalmente fue vivido como traumático o enigmático.
5. Fallas en la simbolización
Desde esta perspectiva:
Hay una dificultad para simbolizar la sexualidad, quedando atrapada en lo pulsional.
El paso por el complejo de Edipo no logra organizar adecuadamente el deseo y la ley.
El superyó puede ser débil, distorsionado o incluso sá**co, pero no regulador.
Síntesis psicoa**lítica
El abusador sexual infantil, en términos freudianos, puede entenderse como un sujeto:
Fijado o regresado a etapas infantiles del desarrollo.
Organizado bajo una lógica perversa.
Que desmiente la realidad del otro como sujeto.
Que utiliza al niño para evitar la angustia de castración.
Que repite conflictos inconscientes no elaborados.