Psicfabioladelaparra

Psicfabioladelaparra Reflexiona sobre tu salud mental

05/05/2026

El conflicto no solo incomoda.
Expone.
Expone posición, deseo, límite, diferencia.
Evitarlo puede ser una estrategia que en su momento protegió. Eso reduce la ansiedad.
Y también reduce el vínculo.
Sostenerlo es lo que permite saber si el vínculo realmente existe.

"Pensar duele" es una sección para cuestionar lo que solemos dar por hecho sobre lo emocional.
No para suavizarlo.

“Cuidar tu paz” se volvió un ideal.Funciona perfecto porque no parece defensa.Parece evolución.Pero en muchos casos es e...
27/04/2026

“Cuidar tu paz” se volvió un ideal.
Funciona perfecto porque no parece defensa.
Parece evolución.
Pero en muchos casos es evitación.
Evitación de conflicto.
De diferencia.
De tensión.
De todo aquello que no se puede controlar del otro.
Porque el conflicto no es solo desacuerdo.
Es exposición.
Es mostrar una posición, un límite, un enojo, una necesidad…
y no saber cómo va a responder el otro.

Ahí es donde aparece lo que realmente se evita:
no el conflicto, sino la posibilidad de no ser sostenido.
Entonces se retira la palabra.
Se retira el gesto.
Se retira el vínculo.
Y a ese retiro se le llama paz.

Desde fuera parece regulación.
Desde adentro, muchas veces es una defensa que mantiene todo en orden… al costo de no vincularse realmente.
La intimidad no ocurre donde no hay fricción.
Ocurre donde algo se juega y no se abandona de inmediato.

Pero eso exige algo que el discurso de “cuidar tu paz” no menciona: tolerar incomodidad sin retirarte.
No toda calma es salud.
A veces es una forma muy pulida de no entrar en nada que importe.

Muchas personas creen que el problema en su relación es la comunicación: que si hablaran mejor, si se explicaran mejor o...
21/03/2026

Muchas personas creen que el problema en su relación es la comunicación: que si hablaran mejor, si se explicaran mejor o si discutieran menos, todo estaría bien, pero muchas veces el problema no es cómo se dicen las cosas, sino lo que cada uno necesita emocionalmente de una relación.

Hay personas que necesitan hablar todo hasta entenderlo.
Otras necesitan dejar las cosas atrás para poder avanzar.
Hay quienes necesitan mucha presencia emocional.
Otros creen que con querer, estar y no pelear es suficiente.

Y ahí empieza el desgaste:
uno siente que al otro no le importa lo suficiente,
y el otro siente que nada de lo que hace es suficiente.

No todas las relaciones se rompen por falta de amor.
Muchas se rompen por diferencias en necesidades emocionales, ritmos y formas de vincularse.
Y eso no siempre se arregla hablando más.

A veces primero hay que preguntarse algo más difícil:
¿La relación que el otro puede tener
es la relación que yo necesito tener?

Muchos padres traen a sus hijos a terapia sin haber estado nunca ellos en una.Eso significa que esperan que el niño atra...
12/03/2026

Muchos padres traen a sus hijos a terapia sin haber estado nunca ellos en una.

Eso significa que esperan que el niño atraviese un proceso que ellos mismos nunca han experimentado.

Entonces aparece el primer choque: el encuadre.

Que haya un horario fijo.
Que las sesiones se paguen aunque no se asista.
Que el terapeuta no reporte cada detalle de lo que el niño dice.
Que el proceso tenga límites y reglas que no se negocian según la agenda familiar.

De pronto, algo que parecía sencillo —“llevar al niño a terapia”— empieza a incomodar.
No porque el encuadre sea extraño.
Sino porque es desconocido.
Muchos padres quieren que sus hijos aprendan a hablar de lo que sienten, a sostener un proceso, a responsabilizarse de un espacio terapéutico.
Pero ellos mismos nunca han tenido que hacerlo.
Y entonces el encuadre empieza a sentirse rígido, exagerado o innecesario.

No es raro.

Es la primera vez que se encuentran con algo que el niño, paradójicamente, está aprendiendo antes que ellos:
lo que significa sostener un proceso terapéutico.

18/02/2026

La vulnerabilidad no aparece cuando decidimos abrirnos emocionalmente.
Está inscrita desde el inicio en nuestra condición de desamparo.
Eso no nos hace débiles.
Nos hace relacionales.
Lo que suele confundirse con debilidad es, en realidad, el miedo a depender, a necesitar, a no controlar la respuesta del otro.
Y ese miedo tiene historia.

El perfeccionismo no siempre nace del deseo de hacer las cosas bien.A veces nace del miedo a que algo se descontrole.Con...
17/02/2026

El perfeccionismo no siempre nace del deseo de hacer las cosas bien.
A veces nace del miedo a que algo se descontrole.
Controlar horarios, emociones, resultados, errores.
Anticiparlo todo.
Reducir el margen de improvisación a casi cero.
Eso puede producir eficiencia.
Pero también puede producir alerta constante.
Cuando equivocarse se vive como amenaza —aunque nadie lo diga explícitamente— el cuerpo aprende a vigilar.
Y lo que vive en vigilancia rara vez descansa.
En la infancia puede aparecer como miedo.
En la adultez puede llamarse ansiedad.
En ambos casos, el control no es el problema.
Lo es lo que intenta evitar.

Cuando hablamos de defensas no siempre hablamos de algo dramático o extremo.Muchas veces son cosas muy cotidianas.Puede ...
11/02/2026

Cuando hablamos de defensas no siempre hablamos de algo dramático o extremo.
Muchas veces son cosas muy cotidianas.
Puede ser:
– Guardarte lo que sientes para no incomodar.
– Desconfiar antes de que te lastimen.
– Bromear cuando algo te duele.
– Volverte autosuficiente para no necesitar a nadie.
– Minimizar lo que te afecta diciendo “no es para tanto”.
En su momento, muchas de estas formas de protegerte fueron inteligentes.
Quizá necesarias.
Quizá incluso te ayudaron a sostener algo difícil.

El problema no es haber aprendido a defenderte.
El problema es no notar cuándo sigues reaccionando como si el peligro todavía estuviera presente.
Porque lo que antes evitaba el daño,
si se queda fijo, puede empezar a evitar la cercanía.

No se trata de quitar las defensas.
Se trata de preguntarte si hoy siguen cuidando lo mismo…
o si solo están funcionando en automático.

La urgencia por “superar” no siempre es fortaleza.Muchas veces es miedo a lo que aparecería si te quedas quieto un segun...
13/01/2026

La urgencia por “superar” no siempre es fortaleza.
Muchas veces es miedo a lo que aparecería si te quedas quieto un segundo.
Porque reconocer duele más que pasar de largo.
Y obliga a aceptar que algo sí te marcó, aunque hayas seguido funcionando.
Lo que no se reconoce no se va.
Se vuelve rigidez.
Se vuelve distancia.
Se vuelve carácter.
No todo dolor está pidiendo ser superado.
Algunos están esperando que dejes de hacerte el fuerte.

Ya sea cuando trabajé en colegios o desde mi consulta, lamentablemente siempre aparece el niño o la niña que tuvo una co...
26/11/2025

Ya sea cuando trabajé en colegios o desde mi consulta, lamentablemente siempre aparece el niño o la niña que tuvo una conducta sexual “inapropiada”… y de inmediato queda fichado por los adultos como “abusador”.
Y aquí es donde empiezan los errores que después nadie sabe cómo reparar.

Esto es lo que hay que entender:

En la infancia, la conducta sexual es un lenguaje, no una intención moral ⚠️
Cuando un niño toca a otro, podemos estar frente a muchas posibilidades:

🟢Exploración sexual típica, que ocurre entre pares de edad similar, sin coacción, curiosa y desorganizada, como parte del desarrollo normal.

🟡Conducta sexualizada, cuando un niño repite algo que vio, escuchó o presenció, aun sin haber sido víctima directa.

🟠Conducta sexual problemática, cuando hay insistencia, confusión, intensidad, o el niño parece actuar un libreto que no corresponde a su edad.

🔴Repetición traumática, cuando un niño está reproduciendo una experiencia que vivió o no pudo elaborar.

Y en ninguna de estas categorías —NUNCA— corresponde usar la palabra “abusador”.
Porque un niño no tiene estructura sexual adulta, ni intención perversa, ni conciencia de poder sexual sobre otro. Tiene historia. Tiene síntomas. Tiene un origen que nadie está mirando.

Criminalizar a un niño por lo que hace su cuerpo sólo garantiza que nadie se pregunte qué le pasó, qué vio, qué aprendió sin querer, qué le faltó, qué está intentando nombrar.

El trabajo clínico con estos casos no empieza castigando.
Empieza escuchando, contextualizando, evaluando si hubo exposición a violencia, pornografía, descuido, abuso o simplemente falta de educación sexual temprana. Empieza entendiendo que las conductas sexuales problemáticas casi siempre son un síntoma de algo mayor: trauma, negligencia, confusión, o un desarrollo emocional disparejo.

📢Y sobre todo empieza recordando esto:
cuando un niño actúa lo sexual, está pidiendo que un adulto piense por él lo que él no puede pensar todavía.

Por eso criminalizarlos no sólo es injusto.
Es clínicamente absurdo.

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