EM Desarrollo

EM Desarrollo Capacitación en Desarrollo Humano
Individuos Saludables y Productivos Módulo 3:
¿Qué son las emociones?:
¿Cómo gestionar la emotividad?

Seminario "Apréndete"

Módulo 1:
Intro: Nuestra herencia genética
¿Dónde “VIVE” nuestra productividad? Como funciona nuestro cerebro:
¿Para qué nos sirve el estrés?
¿Implicaciones del estrés CRONICO)
¿Cómo evitar la sobre-estimulación y estrés crónico? Módulo 2:
Nuestro diseño metabólico:
Estamos diseñados para comer, para NO comer y para movernos. Tomar desiciones pensando más y sintiendo menos. Cada Módulo tiene una duración de 2:20 horas y puede ser presencial o a distancia. Adicionalmente existe un programa de seguimiento de 6 semanas (vía whatsApp o e-mail) con información que nos permita recordar e implementar los hábitos saludables que requiere nuestro organismo.

No nacimos como una hoja en blanco. Durante millones de años la vida ha evolucionado, se ha adaptado y ha sobrevivido. L...
11/09/2026

No nacimos como una hoja en blanco.

Durante millones de años la vida ha evolucionado, se ha adaptado y ha sobrevivido. Los primeros homínidos aparecieron hace aproximadamente 2.5 millones de años. Mucho después, hace aproximadamente 250,000 años el Homo sapiens convivió con el neandertal. Hoy, tú eres el resultado de toda esa historia.

Un ejemplo: si hoy te pregunto ¿cuánto tiempo tiene tu teléfono celular?, lo más seguro es que tu respuesta sea la fecha fabricación, pero esto no es exacto porque el dispositivo que hoy tienes en tu mano es el resultado de avances tecnológicos que vienen desde el telégrafo, es decir, hace casi 200 años o incluso antes. Lo mismo sucede con nuestro cuerpo.

No importa la edad que tengas: en tu cuerpo vive una herencia biológica de cientos de miles —si no millones— de años. Y eso significa algo poderoso.

Eres el resultado de un proceso perfecto de adaptación.

Perfecto no significa idéntico. Significa completo. Capaz. Adaptable.

Durante mucho tiempo, la medicina nos dividió por órganos y sistemas: corazón, estómago, cerebro, hormonas. Y aunque esa especialización ha sido uno de los avances más importantes de la humanidad, también nos hizo olvidar algo esencial: tu cuerpo no funciona en partes aisladas. Funciona como un sistema integrado, dinámico y en constante adaptación.

Y esa adaptación lo cambia todo.

Hay personas que procesan mejor los vegetales. Otras se sienten mejor consumiendo carne. Algunas tienen intolerancia a la lactosa, otras no. Hay quienes responden mejor al ejercicio de fuerza, otros a la resistencia. Algunos liberan el estrés corriendo, otros meditando, leyendo o respirando.

¿Por qué?

Porque no existe una fórmula universal.

Tu biología está influenciada por la región donde vives, la alimentación de tus antepasados, tu microbiota intestinal, tus hábitos, tu entorno y tu historia personal. Lo que a alguien le funciona, a ti puede no servirte… y viceversa.

Entonces, si no existe una dieta para todos, ni un entrenamiento ideal universal, ni una estrategia única para manejar el estrés…

¿Por qué seguimos buscando soluciones mágicas?

El cambio real comienza cuando entiendes tu biología.

Lo fundamental es conocerte para que puedas interactuar mejor con tu entorno. Porque tu salud, tu productividad y tus relaciones no son casualidad. Son un resultado.

Y los resultados dependen exclusivamente de tus acciones.

No de tus ideas.
No de tus buenas intenciones.
No de lo que sabes.
Dependen de lo que haces.

Y tus acciones están influenciadas por tu información, tu conocimiento, tus pensamientos y tus creencias, es decir por tu identidad.

Cuando comprendes cómo funciona tu biología, dejas de luchar contra ti mismo y empiezas a trabajar a tu favor. Dejas de copiar estrategias ajenas y comienzas a construir un proceso alineado contigo.

Apréndete.

Eleazar Mireles González
Instructor en desarrollo humano
Especialista en: estrés, metabolismo y gestión emocional

Cuando luchas contra tu biología, comienzas una batalla perdida... Obesidad, diabetes e hipertensión no aparecen simplem...
28/08/2026

Cuando luchas contra tu biología, comienzas una batalla perdida...

Obesidad, diabetes e hipertensión no aparecen simplemente porque te falte disciplina o fuerza de voluntad.

Son problemas metabólicos relacionados con mecanismos de adaptación de nuestro organismo que, durante miles de generaciones, fueron fundamentales para nuestra supervivencia.

Hablemos de evolución.

Durante cientos de miles, si no es que millones de años, nuestros antepasados vivieron como cazadores-recolectores. No tenían acceso constante a los alimentos. Había periodos de abundancia (tres comidas por semana) y, después, periodos de escasez.

Cuando lograban cazar una presa, tenían que aprovecharla rápidamente: otros depredadores podían aparecer o la carne podía echarse a perder. Al mismo tiempo, recolectaban frutos, raíces y otros alimentos ricos en azúcares, carbohidratos y almidones.

¿Por qué?

Porque almacenar energía podía significar sobrevivir.

La grasa era una de las formas más eficientes de guardar esa energía para utilizarla cuando los alimentos escasearan, si la grasa era nuestra mejor aliada, ¿qué paso?

Nuestro organismo, por lo tanto, desarrolló mecanismos para aprovechar los periodos de abundancia y prepararse para los periodos de escasez.

El problema es que la escasez prácticamente desapareció.

Hoy tenemos alimentos con altas concentraciones de azúcar, harinas y carbohidratos disponibles prácticamente los 365 días del año. Sin embargo, nuestro cerebro y nuestro metabolismo siguen funcionando con mecanismos biológicos que se desarrollaron durante cientos de miles —incluso millones— de años de evolución.

Lo que antes era una ventaja para sobrevivir hoy puede convertirse en un problema.

Consumir alimentos que elevan la glucosa es una excelente estrategia de supervivencia, siempre y cuando existieran periodos de escasez. Cuando nuestro metabolismo no necesita energía para actividad física sucede lo siguiente: insulina + glucosa = grasa

Es una estrategia extraordinariamente eficiente para un mundo donde la comida puede desaparecer durante días.

Pero vivimos en un mundo donde la comida ya no desaparece.

Piensa, por ejemplo, en un oso (el oso es un cazador recolector) antes de la hibernación. Durante un periodo de abundancia, aumenta de manera importante su consumo de alimentos ricos en azúcar para acumular reservas energéticas (grasa) que utilizará durante meses.

Su organismo no está cometiendo un error.

Está haciendo exactamente lo que la naturaleza diseñó para hacer.

El problema es que nosotros vivimos en un entorno completamente diferente al que dio origen a muchos de estos mecanismos.

Por eso, cuando intentamos revertir la obesidad o mejorar problemas metabólicos únicamente con “fuerza de voluntad” (lo que sea que esto signifique), podemos estar enfrentándonos a algo mucho más complejo que una simple falta de disciplina.

Estamos intentando cambiar una respuesta biológica profundamente arraigada.

La buena noticia es que la batalla no está perdida.

Cuando comprendes cómo funciona tu cerebro, cómo responde tu metabolismo y qué factores activan estas respuestas biológicas, puedes empezar a intervenir de manera diferente.

No se trata de pelear contra tu organismo.

Se trata de aprender a entenderlo y a trabajar con él.

APRÉNDETE

Eleazar Mireles González

Instructor en desarrollo humano

La teoria de la conspiración...¿Crees que existe una conspiración de la industria farmacéutica, de los médicos y de la i...
01/08/2026

La teoria de la conspiración...

¿Crees que existe una conspiración de la industria farmacéutica, de los médicos y de la industria alimentaria para mantenerte enfermo?

Perfecto.

Ahora dime una cosa...

Si realmente lo crees...

¿Por qué cada vez que aparece un nuevo problema en tu cuerpo corres a pedirles otra solución?

"Doctor, una pastilla para el azúcar."

"Otra para la presión."

"Una inyección para bajar de peso."

"Y si inventan algo para la neuropatía, el ovario poliquístico o cualquier otra consecuencia... también me la compro."

Mientras tanto...

Nadie quiere escuchar esto:

"Necesitas entender cómo funciona tu cuerpo."

"Descubrir la causa de tu enfermedad."

"Cambiar tu alimentación."

"Dormir mejor."

"Moverte más."

"Aprender a manejar el estrés."

Porque eso implica algo muy incómodo...

Responsabilidad.

Y entonces aparece la frase favorita:

"Es genético."

"Es la edad."

"Así soy yo."

No digo que la genética no importe.

Claro que importa.

Pero también importa lo que haces todos los días.

La verdadera pregunta no es si existe una conspiración.

La verdadera pregunta es esta:

¿Estás usando la idea de una conspiración para evitar hacer los cambios que sabes que necesitas hacer?

Porque si mañana apareciera una pastilla capaz de curarlo todo...

¿La tomarías?

Probablemente sí.

Pero mientras esperas que alguien invente esa pastilla...

Tu cuerpo sigue esperando que hagas la parte que nadie puede hacer por ti.

Tu cuerpo. Tu decisión.

¿Qué pasa en nuestro cerebro para preferir las recompensas rápidas, aunque sean falsas?Vivimos en una época donde obtene...
24/07/2026

¿Qué pasa en nuestro cerebro para preferir las recompensas rápidas, aunque sean falsas?

Vivimos en una época donde obtener placer inmediato nunca había sido tan fácil. Basta con desbloquear el teléfono para recibir un "me gusta", comprar con un solo clic, pedir comida sin cocinar, ver un video tras otro o encontrar una solución aparentemente sencilla para casi cualquier problema. Sin embargo, esta facilidad tiene un costo: nuestro cerebro comienza a preferir las recompensas rápidas, incluso cuando son superficiales, temporales o falsas.

¿Por qué sucede esto? La respuesta está en millones de años de evolución.

Durante la mayor parte de la historia humana, sobrevivir era extremadamente difícil. Conseguir alimento requería largas caminatas, esfuerzo físico y mucha incertidumbre. Nuestros antepasados nunca sabían cuándo volverían a comer o si encontrarían refugio. En ese contexto, el cerebro evolucionó para aprovechar cualquier oportunidad que aumentara las probabilidades de supervivencia.

Cada vez que obtenían comida, encontraban agua, recibían aceptación del grupo o conseguían una pareja, el cerebro liberaba dopamina. Contrario a la creencia popular, la dopamina no es la molécula del placer; es la molécula de la motivación y del aprendizaje. Su función consiste en decirle al cerebro: "Esto fue importante para sobrevivir. Vale la pena repetirlo."

Gracias a este mecanismo aprendimos a buscar aquello que aumentaba nuestras posibilidades de vivir. El problema es que el cerebro moderno sigue funcionando con ese mismo sistema, aunque el entorno haya cambiado radicalmente.

Hoy ya no necesitamos caminar kilómetros para conseguir alimento. Tampoco debemos esperar meses para recibir reconocimiento social. Las redes sociales, la comida ultraprocesada, las compras impulsivas, los videojuegos, las apuestas e incluso muchas aplicaciones digitales fueron diseñadas para activar constantemente nuestros circuitos de recompensa.

El cerebro no distingue entre una recompensa auténtica y una artificial. Solo detecta que algo produjo una descarga de dopamina.

Cuando una conducta produce una recompensa inmediata, el cerebro fortalece las conexiones neuronales relacionadas con ella. Es un proceso conocido como neuroplasticidad: las neuronas que se activan juntas, se conectan con mayor fuerza. Mientras más repetimos una conducta, más automática se vuelve.

Así comienzan muchos hábitos poco saludables.

Una persona siente ansiedad y revisa su teléfono. Obtiene una pequeña distracción y se siente mejor durante unos segundos. El cerebro registra que esa acción redujo el malestar y aumenta la probabilidad de repetirla. Con el tiempo, cada momento de aburrimiento, estrés o incertidumbre desencadena el impulso automático de buscar otra dosis de estimulación.

Lo mismo ocurre con el azúcar.

Los alimentos ultraprocesados concentran cantidades de azúcar, grasa y sal que prácticamente nunca existieron en la naturaleza. Esa combinación provoca una respuesta cerebral mucho más intensa que la de los alimentos naturales. El resultado es una liberación exagerada de dopamina que el cerebro interpreta como algo extremadamente valioso.

Sin embargo, esta recompensa es engañosa.

Produce satisfacción inmediata, pero no necesariamente bienestar. Minutos después aparece nuevamente el deseo de consumir más. Poco a poco se desarrolla una especie de tolerancia: la misma cantidad ya no produce el mismo efecto y necesitamos más estímulo para obtener la misma sensación.

Este fenómeno no ocurre únicamente con la comida. También sucede con el uso excesivo del teléfono, las compras compulsivas, las series interminables, la pornografía, el alcohol y muchas otras conductas que proporcionan placer inmediato sin construir beneficios duraderos.

Mientras tanto, las recompensas verdaderamente importantes funcionan de manera muy distinta.

Aprender una habilidad, desarrollar condición física, mejorar la alimentación, dormir bien, fortalecer una relación o ahorrar dinero ofrecen beneficios enormes, pero tardan semanas, meses o incluso años en manifestarse.

Aquí aparece otro protagonista del cerebro: la corteza prefrontal.

Esta región, ubicada detrás de la frente, es responsable de planificar, controlar impulsos, evaluar consecuencias y posponer gratificaciones inmediatas en favor de objetivos futuros. Es la parte del cerebro que nos permite preguntarnos: "¿Qué me conviene más dentro de un año?"

Sin embargo, cuando vivimos bajo estrés constante, dormimos poco, nos alimentamos mal o permanecemos sobreestimulados todo el día, la corteza prefrontal pierde eficiencia. En esas condiciones toma mayor control el sistema emocional y automático del cerebro, que siempre elegirá la opción más fácil, rápida y energéticamente económica.

En otras palabras, cuanto mayor es el estrés, más difícil resulta tomar decisiones inteligentes.

No es falta de fuerza de voluntad; es un cerebro funcionando bajo condiciones desfavorables.

La industria tecnológica y alimentaria conoce muy bien estos mecanismos. Muchas plataformas están diseñadas para mantener nuestra atención mediante recompensas impredecibles. Nunca sabemos cuándo aparecerá un video más interesante, un mensaje nuevo o una publicación con muchos comentarios. Esa incertidumbre mantiene activo el circuito de recompensa durante más tiempo, de forma similar a lo que ocurre con las máquinas tragamonedas.

Nuestro cerebro quedó atrapado entre una biología diseñada para sobrevivir en la escasez y un ambiente moderno lleno de abundancia artificial.

La buena noticia es que el mismo cerebro que aprendió esos hábitos puede aprender otros nuevos.

Cada vez que elegimos caminar en lugar de permanecer sentados, cocinar alimentos naturales, dormir lo suficiente, hacer ejercicio, respirar conscientemente o resistir una recompensa inmediata para alcanzar un objetivo mayor, fortalecemos las redes neuronales asociadas con el autocontrol y la planificación.

Al principio estas decisiones requieren esfuerzo porque el cerebro todavía no las considera automáticas. Pero con la repetición constante ocurre nuevamente la neuroplasticidad: las conexiones se fortalecen y las conductas saludables comienzan a sentirse más naturales.

La verdadera libertad no consiste en hacer siempre lo que tenemos ganas de hacer. Consiste en entrenar nuestro cerebro para elegir aquello que realmente mejora nuestra vida, aunque el beneficio no sea inmediato.

Comprender cómo funciona nuestro sistema de recompensa nos permite dejar de culparnos por cada impulso y comenzar a construir ambientes y hábitos que trabajen a favor de nuestra biología, no en su contra.

Porque, al final, el cerebro siempre buscará una recompensa. La diferencia está en si elegimos una satisfacción instantánea que nos aleja de la salud o una recompensa más lenta que nos acerque a la vida que realmente queremos construir.

Hipertensión y pérdida de grasa corporal.¿Qué relación tiene la respiración nasal con la presión arterial?Diversas inves...
11/07/2026

Hipertensión y pérdida de grasa corporal.

¿Qué relación tiene la respiración nasal con la presión arterial?

Diversas investigaciones han demostrado que la respiración por la nariz favorece la producción de óxido nítrico, una molécula que nuestro organismo genera de forma natural y que desempeña funciones muy importantes. Actúa como un potente vasodilatador, ayudando a que los vasos sanguíneos se relajen y mejorando el flujo de sangre. Además, posee propiedades antimicrobianas y puede incrementar la eficiencia del intercambio de oxígeno en los pulmones entre un 10 y un 20 % en comparación con la respiración bucal.

Gracias a este efecto vasodilatador, la respiración nasal puede contribuir a una mejor regulación de la presión arterial y favorecer una adecuada oxigenación de los tejidos.

El CO₂: un gran incomprendido

Contrario a lo que muchas personas creen, el dióxido de carbono (CO₂) no es simplemente un desecho que debamos eliminar lo más rápido posible.

Mantener niveles adecuados de CO₂ en la sangre favorece el llamado efecto Bohr, un mecanismo mediante el cual la hemoglobina libera el oxígeno con mayor facilidad hacia los tejidos que lo necesitan. En otras palabras, no basta con tener oxígeno en la sangre; también es necesario que ese oxígeno llegue eficientemente a las células.
Por ello, la respiración nasal favorece un mejor equilibrio entre oxígeno y CO₂, permitiendo que el organismo funcione de una manera más eficiente promoviendo un estado fisiológico de mayor calma.

Respiración nasal y pérdida de grasa corporal.

Ahora hablemos de la pérdida de grasa.

Cuando realizamos actividad física de baja intensidad, nuestro organismo tiene una mayor capacidad para utilizar la grasa como fuente de energía. Pero antes debemos definir qué significa realmente "baja intensidad".

Con frecuencia se habla de la Zona 2 de entrenamiento, calculando la frecuencia cardiaca mediante fórmulas como 220 menos tu edad. Sin embargo, estas fórmulas son únicamente estimaciones y no funcionan igual para todas las personas.
Además, requieren un dispositivo que mida con precisión la frecuencia cardiaca.

Existe una forma mucho más sencilla de identificar si estás entrenando a baja intensidad.

Si durante el ejercicio puedes mantener la respiración exclusivamente por la nariz, inhalando y exhalando sin necesidad de abrir la boca, es muy probable que estés trabajando dentro de una intensidad adecuada para favorecer el metabolismo aeróbico. La respiración puede ser más profunda, pero debe seguir siendo cómoda y natural.

¿Por qué esto favorece el uso de grasa?

La grasa necesita oxígeno para ser utilizada como combustible.
A diferencia de la glucosa, cuya obtención de energía puede ocurrir incluso en condiciones de baja disponibilidad de oxígeno, la oxidación de los ácidos grasos depende de un adecuado aporte de oxígeno a las células.

Aquí entra en juego una enzima llamada lipasa sensible a hormonas (HSL).
Esta enzima libera los ácidos grasos almacenados en los adipocitos para que puedan utilizarse como fuente de energía. Como su nombre lo indica, responde principalmente a hormonas como la adrenalina, la noradrenalina y, en determinadas circunstancias, el cortisol, todas ellas relacionadas con la actividad física y la movilización de energía.

Sin embargo, existe un detalle muy importante:
La insulina inhibe la acción de la lipasa sensible a hormonas.
Esto significa que, cuando los niveles de insulina son elevados —por ejemplo, poco después de consumir alimentos, especialmente ricos en carbohidratos—, la liberación de grasa almacenada disminuye considerablemente.

La importancia de la flexibilidad metabólica.

Nuestro organismo puede obtener energía tanto de la glucosa como de la grasa. No utiliza exclusivamente una u otra, sino una combinación cuya proporción cambia según la intensidad del ejercicio, el estado nutricional y las características metabólicas de cada persona.

Durante décadas, muchas personas han acostumbrado a su organismo a depender casi exclusivamente de la glucosa debido al exceso de alimentos y al consumo frecuente a lo largo del día.
El objetivo no es dejar de utilizar glucosa, sino recuperar la capacidad de utilizar eficientemente ambos combustibles según las necesidades del momento. A esta capacidad se le conoce como flexibilidad metabólica, una característica propia de un metabolismo más eficiente y adaptable.

En resumen:
Si buscas favorecer una mejor circulación, apoyar el control de la presión arterial y crear un entorno metabólico que facilite una mayor utilización de grasa como combustible, una estrategia que puede resultar beneficiosa es combinar:
• Respiración nasal.
• Actividad física de baja intensidad.
• Realizar el ejercicio cuando los niveles de insulina sean bajos, por ejemplo, antes del desayuno o varias horas después de haber comido, siempre que sea apropiado para tu estado de salud y bajo la orientación de un profesional si tienes alguna condición médica.

Pequeños cambios, practicados de forma constante, pueden producir grandes mejoras en la salud metabólica, cardiovascular y en la eficiencia con la que tu organismo obtiene energía.

Eleazar Mireles González
Instructor en desarrollo humano

En memoria de mi padre, mi tío y muchas personas que desafortunadamente partieron sin saber qué estaba pasando.La histor...
10/07/2026

En memoria de mi padre, mi tío y muchas personas que desafortunadamente partieron sin saber qué estaba pasando.

La historia que cambió mi manera de entender la salud:

Quiero compartirte una historia muy personal.

Es una historia que cambió por completo mi forma de entender la salud y que me llevó a estudiar durante años el estrés, el metabolismo, las emociones y la manera en que todo está conectado dentro de nuestro organismo.

Seguramente tú también tienes en tu familia a esa persona que parece invencible.

Yo tenía un tío al que mis primos y yo llamábamos "el tío fuerte". Era quien jugaba fútbol con nosotros, el hombre “rudo”, el que cantaba en las reuniones familiares y el que siempre parecía tener energía para todo. Era de esas personas que uno cree que estarán ahí para siempre.

Hasta que un día apareció la diabetes tipo 2.
Al principio parecía "una enfermedad más". Después llegaron el aumento de peso, la hipertensión, los problemas de circulación y muchas otras complicaciones que fueron apareciendo poco a poco.
Como sucede con millones de personas, él no entendía realmente qué estaba ocurriendo dentro de su cuerpo.
Visitaba médicos, probaba tratamientos, cambiaba medicamentos... siempre buscando una solución rápida que le permitiera sentirse mejor. Y eso es exactamente lo que hacemos la mayoría: intentamos quitar el síntoma sin comprender el origen del problema.

Porque es muy difícil controlar aquello que no entendemos.
Con el paso del tiempo, su salud continuó deteriorándose.
Le costaba modificar su alimentación y, cuando alguien intentaba ayudarlo o sugerirle que evitara ciertos alimentos, se molestaba. No porque no quisiera vivir, sino porque cambiar conductas es mucho más complejo de lo que imaginamos cuando desconocemos cómo funciona nuestro cerebro y nuestro organismo.
Hasta que ocurrió un accidente.
Una caída le provocó la ruptura del tendón de Aquiles.
A partir de ese momento todo se aceleró.
En aproximadamente cuatro años pasó de caminar con un bastón a someterse a varias cirugías. Finalmente perdió una pierna por debajo de la rodilla.

Pero lo más duro no fue únicamente el deterioro físico.
Fue ver cómo poco a poco también se apagaba su ánimo.
Aquella persona alegre, bromista y llena de vida dejó de sonreír como antes. La esperanza parecía desaparecer de su rostro. Ver sufrir a alguien que amas profundamente es una experiencia que marca para siempre.
Hace seis años falleció.
Su enfermedad afectó profundamente su calidad de vida y también tuvo un enorme impacto emocional en él y en toda nuestra familia.
Y aunque esa historia terminó, para mí fue el comienzo de otra.
Desde que vi cómo su salud se deterioraba, decidí cambiar mis propios hábitos. Empecé a cuidar mi alimentación, a mover más mi cuerpo y, sobre todo, a hacerme una pregunta que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza:

¿Por qué una persona que sabe que su salud está empeorando no logra cambiar?

Durante años investigué, estudié, pregunté a especialistas y profundicé en neurociencia, metabolismo, conducta humana y emociones.
Entonces comprendí algo que cambió mi manera de ver la salud.
No se trata únicamente de fuerza de voluntad.
No se trata simplemente de disciplina.
Gran parte de nuestras decisiones están influenciadas por circuitos cerebrales que buscan protegernos, ahorrar energía, reducir el estrés y obtener recompensas inmediatas. Si no entendemos cómo funciona ese sistema, muchas veces terminamos actuando en contra de nuestros propios objetivos, incluso cuando sabemos lo que nos conviene.
Ahí comprendí que el conocimiento puede convertirse en una herramienta de libertad.
Durante muchos años me dediqué a capacitar personas dentro de empresas, ayudándolas a comprender la conducta humana para mejorar el desempeño y la productividad.
Con el tiempo entendí que ese mismo conocimiento podía utilizarse para algo todavía más importante:

Ayudar a las personas a comprender su cuerpo, recuperar el control de sus decisiones y mejorar su salud.
Así nació Apréndete.
No nació para vender un curso.
Nació del deseo de que menos familias tengan que vivir historias como la mía.
Porque, siendo completamente honesto, lo que más me dolió no fue solamente perder a mi tío.
Fue ver el sufrimiento de toda la familia mientras observábamos, casi sin entender, cómo la enfermedad iba cambiando su vida.
Hoy tengo hijos, sobrinos, nietos y personas que amo profundamente.
Y hay algo que tengo muy claro:

No quiero que algún día ellos me vean pasar por un deterioro que pudo haberse prevenido o retrasado con conocimiento, mejores decisiones y hábitos más saludables.
Por eso hago este seminario.

Mi mayor deseo es ayudarte a entender cómo funciona tu organismo para que puedas tomar decisiones con mayor conciencia y convertirte en una inspiración para tu familia.
Porque cuando una persona cambia, muchas veces toda una familia comienza a cambiar con ella.

La historia que hoy te conté es solamente una.

Desafortunadamente, he visto muchas otras muy parecidas.
Algunas terminaron con la pérdida de seres queridos.
Otras siguen escribiéndose en este momento.
Ojalá decidas acompañarnos.
Tal vez este seminario no solo cambie la manera en que entiendes tu salud.
Tal vez también cambie la historia que tú y tu familia están a punto de escribir.

Eleazar Mireles González

Dopamina: ¿Por qué cada vez tenemos menos ganas de hacer las cosas?¿Te has dado cuenta de que cada vez es más difícil en...
19/06/2026

Dopamina: ¿Por qué cada vez tenemos menos ganas de hacer las cosas?

¿Te has dado cuenta de que cada vez es más difícil encontrar la motivación para hacer cosas importantes?

Y no solo te sucede a ti. Lo vemos en nuestros hijos, en nuestros amigos, en nuestros compañeros de trabajo y, especialmente, en los adolescentes. Pareciera que cada vez tenemos menos energía, menos iniciativa y menos entusiasmo por la vida.

La explicación podría estar en una pequeña molécula que influye enormemente en nuestro comportamiento: la dopamina.

La dopamina es un neurotransmisor relacionado con la búsqueda de recompensas. Es la sustancia que impulsa la curiosidad, la exploración, el aprendizaje y la acción. Es la que nos mueve a perseguir objetivos y nos prepara para actuar.

Pensemos en algo muy sencillo.

Cuando te levantas para ir a trabajar, tu cerebro genera una cantidad determinada de dopamina que prepara a tu cuerpo para comenzar el día. Pero ¿qué sucede cuando te despiertas para salir de vacaciones?

Aunque te levantes más temprano y hayas dormido menos horas, te sientes con más energía, más entusiasmo y más disposición para moverte. Tu cuerpo es el mismo, pero tu cerebro está anticipando una recompensa diferente.

El problema es que en la actualidad hemos sustituido muchas de las experiencias reales que antes estimulaban naturalmente nuestro sistema de recompensa.

Antes nos emocionaba salir a jugar, visitar a los amigos, convivir con la familia, aprender algo nuevo o explorar el mundo. Hoy gran parte de esa estimulación ha sido reemplazada por una fuente inagotable de recompensas instantáneas: nuestros dispositivos electrónicos.

Las aplicaciones, redes sociales, videojuegos y plataformas de entretenimiento están diseñadas para captar nuestra atención y activar constantemente nuestros circuitos de recompensa. Cada notificación, cada video corto, cada "me gusta" y cada contenido nuevo generan pequeños disparos de dopamina que mantienen nuestro cerebro buscando más.

El resultado es que aquello que antes nos emocionaba comienza a parecer aburrido.

Las actividades que requieren esfuerzo, paciencia y disciplina pierden atractivo frente a las recompensas inmediatas. Poco a poco dejamos de perseguir nuestros objetivos, posponemos proyectos importantes y abandonamos hábitos que podrían transformar nuestra vida.

No es que seamos flojos.

No es falta de carácter.

Muchas veces es falta de comprensión sobre cómo funciona nuestro cerebro.

Mientras más dependemos de estímulos externos para sentir placer o motivación, más difícil se vuelve encontrar satisfacción en las experiencias reales que construyen una vida plena: cuidar nuestra salud, aprender, crear, crecer, emprender, relacionarnos y alcanzar metas significativas.

Y aquí es donde surge una pregunta fundamental:

¿Cómo podemos cambiar algo que no entendemos?

La respuesta es simple: primero debemos aprender cómo funcionamos.

Porque cuando entiendes tu cerebro, tus emociones y tu cuerpo, recuperas el control de tus decisiones.

Y cuando recuperas el control de tus decisiones, recuperas el control de tu vida.

APRÉNDETE

Comprende cómo funciona tu cerebro, tu cuerpo y tus emociones para dejar de actuar en automático y comenzar a construir la vida y la salud que realmente deseas.

Eleazar Mireles González
Instructor en Desarrollo Humano

¿Y tú… para cuándo?Vivimos corriendo.Corriendo detrás del trabajo, de las responsabilidades, de los compromisos, de los ...
10/06/2026

¿Y tú… para cuándo?
Vivimos corriendo.
Corriendo detrás del trabajo, de las responsabilidades, de los compromisos, de los problemas de los demás y de los urgentes de cada día.
Y mientras intentamos cumplir con todo y con todos, hay algo que vamos dejando para después una y otra vez: nuestra propia salud.
Nos acostumbramos tanto al cansancio, al dolor, a la falta de energía, a la ansiedad, al sobrepeso, a la glucosa elevada o a la presión alta, que terminamos creyendo que es normal vivir así.
Pero no lo es.
La mayoría de las personas pasan años tratando únicamente las consecuencias de sus padecimientos:
Dolor = pastilla.
Glucosa alta = pastilla.
Presión elevada = pastilla.
Ansiedad o depresión = pastilla.
Y aunque muchas veces esos tratamientos son necesarios, pocas personas se detienen a hacerse la pregunta más importante:
¿Qué fue lo que me trajo hasta aquí?
Nunca nos enseñaron a entender nuestro cuerpo.
Nunca nos explicaron cómo funciona realmente nuestro metabolismo, nuestras emociones, nuestras hormonas o nuestros hábitos.
Nos enseñaron a reaccionar ante los síntomas, pero no a comprender las causas.
Y así seguimos...
Ayudando a todos, mientras nosotros nos seguimos descuidando.
Escuchando los problemas de los demás, mientras ignoramos las señales de nuestro propio cuerpo.
Atendiendo a nuestra familia, a nuestros clientes, a nuestros colaboradores y a nuestros seres queridos, mientras nuestra salud se deteriora silenciosamente.
Día tras día.
Año tras año.
Hasta que un día algo colapsa.
Un diagnóstico.
Un susto.
Una enfermedad.
Un agotamiento físico o emocional que nos obliga a detenernos.
Y entonces comienza la desesperación.
La búsqueda de la pastilla milagrosa.
La inyección que promete solucionarlo todo.
La dieta de moda.
El suplemento mágico.
El remedio que "ahora sí" va a cambiar nuestra vida.
Pero la realidad es otra.
No existe una solución mágica para años de desinformación.
El cuerpo que tienes hoy es el resultado de miles de decisiones acumuladas a lo largo del tiempo.
Y esas decisiones dependen de algo fundamental:
La información que tienes.
Tus pensamientos, tus creencias, tus hábitos y tus resultados están directamente relacionados con lo que sabes... o con lo que crees saber.
Porque cuando la información es incorrecta, los resultados también lo serán.
Pero cuando entiendes cómo funciona tu organismo, recuperas algo mucho más valioso que la salud:
Recuperas el control.
La pregunta es...
Has dedicado años a cuidar a otros.
Has invertido tiempo, energía y recursos en resolver problemas ajenos.
¿Y tú para cuándo?
¿No crees que ya es momento de entender a tu cuerpo antes de que tu cuerpo te obligue a entenderlo?
Eleazar Mireles González
Instructor en desarrollo humano

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