02/08/2026
Mucha gente no perdona porque cree que perdonar es absolver. Que decir "te perdono" equivale a decir "estuvo bien lo que hiciste"; y entonces prefiere quedarse con la deuda: al menos así hay justicia pendiente.
Pero mientras esa deuda siga abierta, el otro sigue viviendo adentro de uno, sin pagar renta. Le sigue dando forma a los días, a las relaciones nuevas, a lo que uno se atreve y a lo que no. La deuda es del otro; la carga es de uno.
Hay que ser honestos sobre lo que el rencor sí da, porque si no diera nada ya lo habríamos soltado. El rencor mantiene viva una promesa: algún día van a darse cuenta todo el mal que me hicieron. Soltarlo se siente como aceptar que ese día no va a llegar -que nadie va a tocar la puerta con el perdón, que la disculpa que uno lleva años ensayando no se va a usar nunca. No es cobardía tardarse en eso. Es un duelo, y de los pesados: se está enterrando una reparación que uno esperaba y que no va a ocurrir.
Perdonar no es decir que estuvo bien. Es dejar de esperar que la historia haya sido distinta. Y eso sí es una acto egoísta, en el mejor sentido de la palabra: es soltar la piedra, no porque el otro la merezca, uno porque a uno ya le pesa demasiado la mano.
- ¿Quién en tu vida se beneficia hoy de que sigas con este rencor? ¿Quién paga el precio de que lo cargues, ademas de ti?
- Si esa persona tocada la puerta mañana y te ofreciera la disculpa exacta que llevas años esperando, ¿qué cambiaría en tu vida al día siguiente? ¿Qué seguiría igual?
- Si tus hijos - quien venga después- vieran cómo cargas esto, ¿qué estarían aprendiendo sobre qué se hace con el daño? ¿Es eso lo que les querías enseñar?