24/07/2026
"Perdón por molestarte, pero..."
"Disculpa que te pida esto, sé que estás ocupada..."
"Perdón por andar tan sensible hoy..."
¿Cuántas veces al día te disculpas antes de nombrar una necesidad?
A las mujeres no solo nos enseñaron a cuidar a los demás hasta el agotamiento; también nos implantaron una culpa sutil pero paralizante por requerir sostén. Aprendimos que para ser una "buena mujer" o una persona "funcional", debemos ser autosuficientes, aguantarlo todo en silencio y jamás convertirnos en una "carga".
Por eso, cuando el cuerpo se cansa y finalmente necesitamos pedir ayuda, el mandato de género exige que nos disculpemos primero. Como si necesitar a nuestra red fuera un delito o una falla personal.
Disculparte por pedir ayuda es la forma en que el autoabandono se disfraza de cortesía.
Pedir lo que necesitas no es un acto de egoísmo ni una molestia: es un derecho humano básico y una forma de resistencia colectiva. Tu cuerpo y tu historia no tienen por qué sostener el mundo a solas.
En mi espacio clínico abordamos esto desde una perspectiva feminista para politizar esa culpa y entender de dónde viene ese miedo a molestar. Y a través del psicodrama y la arteterapia, le damos al cuerpo la oportunidad de ensayar nuevas posturas, nombrar sus límites sin pedir perdón y experimentar lo que se siente ser sostenida sin culpa.
Hoy te propongo un experimento: la próxima vez que necesites ayuda, quita el "perdón" de la ecuación. Pídela desde la dignidad de saberte merecedora de sostén.